Bruguera: el Capitán Trueno, García Márquez, anarcosindicalismo y banca ética

Comienza la tarea de rescate #16Textos, donde voy a ir publicando lo más relevante de mi reciente labor periodística y corrigiendo algunas erratas y errores que se colaron. Espero que les guste.

Pablo Vicente Damas nació hace 28 años en Madrid y no recuerda haber pasado un solo día sin un tebeo a mano. A lo largo de los últimos seis años ha escrito en los blogs En todo el colodrillo (sobre cómics en general) y Lectura cronológica de Superlópez. Sus propias historietas han visto autoeditadas en fanzines como Ojodepez, Andergraün y Rantifuso.

Activistas del PSUC, anarquistas, incluso un ex-guerrillero que estuvo en Bolivia con el Che Guevara… ¿por qué crees que hubo esa permisividad en Bruguera con personas vinculadas a la izquierda?

Francisco Bruguera, uno de los hijos del fundador de la editorial, luchó en la Guerra Civil como comandante de una milicia anarquista. Al final de la guerra acabó en un campo de concentración en Valencia, en el que habría sido fusilado si no llega a ser por las gestiones de un conocido de la familia Bruguera. Si la persona con más poder de la editorial tenía este pasado, es comprensible que el ambiente político dentro la editorial estuviese escorado hacia la izquierda. Parte de esta ideología se percibía, muy diluida, en sus publicaciones, pero hay más ejemplos: la editorial permitió que existiese un sindicato anarquista clandestino dentro de la editorial, el convenio colectivo con los trabajadores era el mejor dentro del sector editorial, el día de la muerte de Franco se dejó a los trabajadores salir una hora antes, etcétera.

¿Qué es lo que más te sorprendió en la investigación sobre Bruguera, qué no te esperabas encontrar?

La actuación del Banco de Crédito Industrial, un banco público en manos del Estado, durante el desmantelamiento de la editorial. Leyendo sólo lo que aparece en la hemeroteca vi gestos y negociaciones que me costaba entender. Gracias a las entrevistas a los trabajadores pude enterarme de unos rumores que parecían explicar lo que no se decía en los periódicos. El BCI no estaba ayudando a los trabajadores a mantener su medio de vida o a recibir la indemnización que merecían, sino que posiblemente actuó movido por intereses partidistas.

Bruguera industrializó la producción de cómics ¿qué implicaciones tuvo esa apuesta en la práctica? ¿Cómo condicionó a los autores de la casa?

Para crecer, en 1954 Bruguera dejó atrás la producción artesanal y a pequeña escala. El objetivo era aumentar la productividad, por lo que se sacrificaron otros aspectos como el coloreado, que nunca fue muy esmerado, o los textos de los bocadillos, que se empezaron a rotular a máquina. La editorial también decidió que los dibujantes tenían que dejar de dibujar sus páginas en la redacción y empezar a trabajar en sus casas. Fue uno de los primeros distanciamientos entre la editorial y los colaboradores, uno de los motivos por los que cinco dibujantes (entre los que estaba Escobar) decidieron abandonar la empresa y fundar una cooperativa para producir su propia revista, Tío vivo. La cooperativa fracasó a los pocos años y los dibujantes tuvieron que regresar a Bruguera, pero aún así fue un importante enfrentamiento laboral.

¿Cómo fue Bruguera respecto a los derechos de autor, los respetó más o menos que otras editoriales con las que coexistió?

En ese aspecto Bruguera no fue una excepción al lado de otras editoriales. La empresa se quedaba con la propiedad de los personajes, la marca comercial y las páginas originales. Cada página entregada se pagaba muy bien, pero los porcentajes de beneficios de las reediciones eran escasos (de un 2%) o inexistentes. Ahora bien, era un trato muy parecido al que estaban recibiendo por la misma época los dibujantes de Spiderman o Batman en EEUU. Al menos en Bruguera a los dibujantes se les daba un trato más personal, se les protegía mucho. Por ejemplo, a Vázquez siempre le aceptaron páginas a pesar de sus desapariciones, sus bromas pesadas o las estafas que le hizo a la editorial.

Hay un pasaje muy sorprendente en el que se recuerda que Terenci Moix, que fue alumno en un curso de dibujo por correspondencia de Escobar (creador de Zipi y Zape o Carpanta), fue el que acuño la idea de “Escuela Bruguera”. ¿Que sería para ti la Escuela o Escuelas Bruguera a lo largo de los años?

El editor Rafael González, junto con los dibujantes de Bruguera de los años 40, dieron forma a un estilo de historieta que todavía es muy reconocible. Personajes fijos con frases o situaciones recurrentes que reflejaban la sociedad de su época. Es decir, no había escapismo con historietas ambientadas en otras épocas históricas o protagonizadas por animales parlantes, sino que hablaban del ambiente laboral, los conflictos familiares, la pobreza de la postguerra, etcétera. En comparación, otras revistas (como TBO) tenían un humor muy blanco, sin intención crítica. En Bruguera incluso solía haber una metáfora diluida de la lucha de clases, con jefes dictatoriales que hacían la vida imposible a sus subordinados con humillaciones o palizas. Las historietas incidían en la continua derrota de los personajes, en su frustración. Los dibujantes compartieron un estilo gráfico más o menos unificado parecido al de los dibujos animados en el que tenían mucha importancia el movimiento y la violencia física. También está el lenguaje, en un principio se utilizaban palabras y expresiones rebuscadas para divertir al lector: oprobio, pardiez, berzotas, colodrillo… Con los años algunas de estas características se fueron suavizando, pero la esencia es más o menos ésta.

La mayoría de la gente relaciona Bruguera con los tebeos, pero en su dilatada existencia se introdujo en el mundo de la literatura, siendo los primeros en publicar en España a Gabriel García Márquez. ¿Qué otros autores literarios descubrió la editorial?

En su última década Bruguera publicó a auténticos genios de la literatura como Borges, Truman Capote o Gabriel García Márquez, pero estaban muy lejos de la tradición de la editorial. Bruguera se había especializado en literatura popular, y en ese sentido habría que destacar más a Corín Tellado o a Marcial Lafuente Estefanía Francisco González Ledesma (que usaba el pseudónimo de Silver Kane). Sus libros románticos y del Oeste no eran sofisticados desde un punto de vista literario, tenían que escribir uno a la semana, pero supieron conectar con el gran público. Entendieron los gustos y necesidades de las clases populares mejor que los intelectuales de la alta cultura, es algo que hay que reivindicar.

Mójate, por favor ¿cuáles son tus tres autores favoritos de Bruguera y con qué historias te quedarías de ellos?

Manuel Vázquez: prácticamente todo de Vázquez es una maravilla, aguanta muy bien el paso del tiempo. Tanto el Súper Humor de Anacleto como el tomo Lo peor de Vázquez son buenas recopilaciones de su trabajo. Víctor Mora: su Capitán Trueno es una historia de aventuras fabulosa, aunque es posible el paso de tiempo no le haya tratado bien. Me gustan especialmente las historias de los primeros tomos recopilatorios, los primeros años dibujados por Ambrós, cuando el personaje va definiendo su personalidad sobre la marcha. Y Jan: los primeros nueve álbumes de Superlópez son una cima en la historia de la Editorial Bruguera. Estamos hablando de El Señor de los Chupetes, La gran superproducción…

En la increíble historia de Bruguera las luchas sindicales merecen un capítulo aparte. ¿Qué destacarías de los conflictos que se produjeron y de las movilizaciones que impulsaron sindicatos como el anarcosindicalista Organización Interior de Trabajadores de Editorial Bruguera (OITEBSA)?

A mí me gusta especialmente la victoria final de un pequeño grupo de trabajadores de OITEBSA. Fueron ochenta personas que hicieron todo lo posible para defender la continuidad de la editorial y su puesto de trabajo, incluso contra un “gigante” como el Banco Industrial de Crédito. La ley les dio la razón, y con las indemnizaciones y los salarios de tramitación llegaron a recibir unos 100 millones de pesetas que destinaron a diferentes causas sociales. La más importante fue la creación en 1995 de Coop57, una cooperativa de servicios financieros que se basa en los principios de la banca ética.

¿Es repetible en este país un editorial como Bruguera?

Ojalá. Tal vez como editorial sería difícil, porque la industria del libro lleva mucho tiempo en horas bajas, pero es posible que surja otra empresa cultural (cine, televisión, videojuegos…) con este sesgo ideológico de izquierdas y esa búsqueda del gran público. A pequeña escala hay unos pocos autores (Ricardo Peregrina, por ejemplo) o algunos colectivos (como la Asociación Cultural Malavida o la editorial Amaníaco) que mantienen esta forma popular de entender el cómic, aunque son minoritarios y poco conocidos.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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