Anarquismo y defensa de los derechos de autor – Tierra y libertad (marzo 1912)

La edición del diario El Sol del 11 de julio de 1924, revisada por la censura militar de la época, se hacía eco de un tiroteo en Portugal entre la policía y dos sindicalistas.

El_Sol_1924En ese tiroteo uno de los sindicalistas logró huir hiriendo a dos policías, mientras que el aserrador José Castela fue detenido dentro del local de la Sociedad do Resistencia y Sindicato de la Construcción Civil. El Sol informó cómo la policia encontró documentos que demostraban la implicación de Castela en “varios conflictos sociales” y que el sindicalista usaba a veces el pseudónimo de Lucrecio Océano.

En el periódico anarquista Tierra y Libertad del 13 de marzo de 1912 se publicó una defensa de la autoría y los derechos de autor escrita precisamente por Lucrecio Océano, que reproducimos íntegramente.

Seguimos así con la tarea de recuperar la olvidada relación entre anarquismo y defensa de los derechos de autor, que también realizaron otros libertarios como Lysander Spooner (El olvidado origen anarquista de la propiedad intelectual), Anselmo Lorenzo (Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015)) o Ezequiel Endériz (Un periodista libertario que estuvo a punto de cambiar la historia de la SGAE):

 Tierra_y_Libertad_cabecera

En contestación a una crónica burguesa – ¡Es preciso!

El espíritu de propiedad no es anejo al de individualidad, porque la posesión del yo es una pertenencia natural y lógica de todo ser y, por consiguiente, todo humano que escribe y firma lo que de su intelecto ha salido no crea ni propiedad ni exclusivismo, sino asalaria su pluma o se hace mercenario intelectual. La firma no constituye un candado o cartel del veda. La firma es el yo impersonal que apadrina la idea expuesta propia o ajena; pero sustentada por el grafismo personal responsable moralmente de la originalidad y veracidad de los asertos o tesis lanzados ante la opinión de los demás semejantes nuestros, es decir, ante la opinión pública.

¿Sería posible en el campo científico y filosófico, si el grafismo no os dijera del tal cerebro partió tal idea, poder controvertir, criticar y aclarar los conceptos emitidos, ni poder comprender su alcance o utilidad? El progreso sería un mito y Reclús, Kropotkin, Marx, Bakunin, Lorenzo, Mella, Cafriero, etcétera, etc. unos burgueses de la intelectualidad a quienes no hubiese guiado otro móvil que el lucro positivista y no el sacrosanto principio del amor a la Humanidad y a la Libertad: pudiendo decir lo mismo, dentro del campo exclusivamente científico, de Benot, Cajal, de Buen, Alberto Grinaldi, Edisson, Victor Deltino, Cruée, Nordeuskiold, etc., verdaderos héroes modernos impulsadores de la corriente progresiva dentro de este ambiente metíticoy tartufo en que forzadamente tenemos que deselvorvernos.

Luego, queda sentado que ningún hombre altruista y consciente de su labor progresiva da personalidad, por medio de su firma, a lo que ha producido, por el espíritu ruín de exclusivista-propietarismo, no, sino como óbolo rendido al progreso humano, sea, el campo que sea el de sus aptitudes, porque la ciencia se ha formado de axiomas y de errores cuya denominación ha sido el nombre de los hombres que los generó; así decimos, por ejemplo: teoría de Newton, de Laplace, de Copérnico, de Linneo, de Cavier; errores de Tolomeo, de Mahomet, de Buffon etc.

Es preciso, es necesario que nadie niegue la paternidad a lo que produce, por bien de todos; porque la firma podrá constituir para algunos aprovechados un título de renta explotable: allá ellos y su conciencia poco escrupulosa; el hombre se debe al hombre no se llegue a la heroicidad ni al sacrificio… Es suficiente ser útil y no sacrificar a los demás explotándolos inicuamente o arrebatándoles el producto de sus fatigas y sudores.

Un artículo sin firma es lo mismo que una belleza ciega, sorda y muda. Además, lo anónimo es siempre sospechoso de cobardía; se pueden firmar artículos sin explotar a nadie, ni aspirar a necias populacherías, bagaje inútil para las verdaderas capacidades.

Lucrecio OCÉANO

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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