“La izquierda no tiene un discurso sobre la propiedad intelectual”

Entrevista de Ana Encinas para El Salmón Contracorriente

David García Aristegui es bioquímico, fue músico y fundador de las asociaciones Cultura Libre y Ciencia para el Pueblo. Escribió hace poco más de un año “¿Por qué Marx no habló de Copyright?” (Enclave de libros, 2014), donde pasea por los debates que se han sucedido en torno a la propiedad intelectual desde su origen. Hablamos en la entrevista sobre los argumentos que le llevan a afirmar que la cultura libre es una postura liberal casi a la par que esboza el panorama que Internet plantea a consumidores e industria cultural. Durante la conversación nos acompaña su gato Furia.

’La cultura libre ha muerto’, proclamaste. ¿Es esto tan rotundo?

Si me dices tres colectivos de cultura libre en España, tres películas que hayan salido últimamente con licencias libres, tres discos o tres libros, encantado de comerme mis palabras.

Un movimiento social tiene que tener una serie de características, autores y autoras de referencia, espacios de socialización en forma de congresos, de eventos, de espacios físicos…y unos productos culturales asociados -textos, libros, documentales, programas de radio…- En el caso de la cultura libre no hay nada.

¿Puede ser un proceso que aún tiene que madurar?

El problema de la cultura libre es que se basa en dos malos entendidos: el primero es que el Copyright anglosajón y los derechos de autor europeos son lo mismo. Aquí no tenemos Copyright, aquí tenemos Derechos de Autor. Por lo tanto, intentar meter con calzador algo que ni siquiera es aplicable a la realidad legal española y europea es bastante demencial. Ese es el primer malentendido.

El segundo es pensar que hay algún tipo de relación entre la cultura libre y la izquierda, cuando es todo lo contrario. Todos y cada uno de los postulados neoliberales subyacen a la cultura libre. Es decir, la fe en que los mercados se autorregulan, huir de cualquier tipo de regulación…Cuando se ha planteado cualquier tipo de modificación de las leyes de Propiedad Intelectual, o han aparecido regulaciones como la Tasa Google parecía que se iba a romper Internet. Con la última reforma de la Ley de Propiedad Intelectual decían que se iba a penalizar el enlace y tonterías como esa.

Pero si alguien escribe y sólo pide un reconocimiento a su autoría, sin intención de lucrarse con su obra pero sí evitando que terceras personas la mercantilicen, ¿no es adecuado licenciarla como Creative Commons?

La persona puede hacer lo que quiera con su obra. Hay libertad total. Otra cosa es lo que hacen las entidades de gestión, que recaudan primero y preguntan después. Muchas entidades de gestión recaudan por gente que utiliza licencias libres o que directamente no son socios. Ese es otro debate, pero si tú quieres colgar tu texto nadie va a recaudar por él. Otra cosa es con el tema de la música y los audiovisuales, que es más complejo porque hay mucha gente que usa licencias libres y la SGAE recauda por ellos. Ahí sí se producen ciertas paradojas.

¿Por qué la SGAE puede recaudar de esta forma?

Porque la SGAE es una asociación sin ánimo de lucro que tiene unos enormes superpoderes. En la época del franquismo estaba más fiscalizada por el Estado. De hecho, había representantes del Gobierno en lo que era el sindicato vertical dentro de la propia SGAE. Cuando llega la Transición eso se pierde.

Así, la SGAE sigue con esos enormes superpoderes de estar en una situación de monopolio y poder recaudar. Cuando la SGAE va a TVE, a una radio, a un bar, etcétera, dice ’me tienes que pagar porque yo represento a todos los autores’, y eso falso. Hay autores que no están representados por la SGAE. Hasta que la SGAE no empiece a cobrar identificando todas las obras, que tecnológicamente ya sí se puede hacer, seguiremos con unas prácticas profundamente injustas. De hecho se puede hacer, no es un delirio de un gafapasta como yo, crítico con los modelos actuales de Propiedad Intelectual. Hay una entidad de gestión que se llama DAMA, una escisión de la SGAE, y únicamente recauda por su repertorio en televisión. Eso se podría hacer en radio y en más sitios, lo que pasa es que a la SGAE no le interesa identificar porque se le cae el chiringuito.

¿Cómo ha sido la trayectoria histórica de la propiedad intelectual en este país?

Tenemos una propiedad intelectual de influencia francesa. Es una propiedad limitada en el tiempo y los plazos de protección de las obras han diferido, pero ahora los plazos están en 70 años después de la muerte del autor. Insisto, en la república, en el franquismo y en la transición y la democracia que tenemos ahora siempre ha habido entidades de gestión, siempre ha estado la SGAE y siempre ha ha habido unas leyes de propiedad intelectual parecidísimas. Curiosamente, lo que se ha perdido ha sido la fiscalización y el control que había por parte del estado de la entidad de gestión única que era la SGAE.

La cultura y el software libres tienen puntos en común pero imagino que también muchas diferencias, ¿no?

El software libre son varias cosas. El software libre es primero una filosofía de cómo deben funcionar las cosas. Un modelo de desarrollo de software cooperativo está basado en esa idea y es también un modelo de negocio. Es decir, regala tus programas y vive del soporte. La gente se ha pensado que eso se puede de alguna manera aplicar o trasponer de forma mecánica a los productos culturales.

Los resultados son explosivos. Los libros se escriben y se leen no por las razones que se escribe o compra software, no tiene nada que ver. Y como con los libros pasa con la música y con los audiovisuales.

Según tu planteamiento el neoliberalismo estará encantado…

A los neoliberales les fastidian mucho los Derechos de Autor porque son un gran impedimento para su modelo de negocio. De todas formas, capitalistas y neoliberales no tienen una postura estática en el tiempo, cambian muchísimo. Al principio, quien tuvo muchos problemas con los Derechos de Autor fue Sony, que inventó el vídeo Beta. Con el aparato podías grabar las películas y chocaron rápidamente con toda la industria de contenidos de las películas americanas que decían que si la gente se grababa las películas y se las pasaba eso les iba a afectar.

Mucho tiempo después Sony, por esas fusiones entre multinacionales, es una enorme generadora de contenidos y ahora es una de las que más presión hace para acabar con la piratería en Internet, cuando fue una de las ’grandes piratas’ al inventar el vídeo beta. Aun así, Sony te vende todos y cada uno de los dispositivos con los que te conectas a Internet y con los que copias y pirateas. Es una situación bastante paradójica.

¿Y con la ciencia qué hacemos?

Es razonable que lo que se pague con dinero público sea de acceso público, pero es que eso no pasa. Se pagan con dinero publico una serie de investigaciones que luego se patentan por parte de empresas. Esto es por la propiedad industrial, que se encarga de las patentes. Pero también aquí aparece la propiedad intelectual, y es que las revistas científicas han hecho un negocio redondo: los científicos no viven de publicar, viven de su sueldo de investigador, los autores sí viven de sus obras y crean.

Sus científicos ceden sus derechos de autor a las editoriales donde publican. El negocio es perfecto: las grandes editoriales no pagan a los investigadores por sus investigaciones, no pagan a quienes juzgan estas investigaciones, pero sí cobran por las suscripciones y además muchos centros de investigación meten publicidad. Es el timo perfecto.

Cuando se habló del OpenAccess para que la investigación fuese accesible desde todo el mundo se pidió que se pagase por publicar para que esa investigación fuera libre. Entonces todas las grandes grupos académicos han sacado sus equivalentes de OpenAccess. El debate de la ciencia es distinto del de la cultura libre, pero con algunos puntos en común, aunque sus intereses no tienen nada que ver.

¿Cuál es la relación de la cultura libre con el capital?

Con el capitalismo de Silicon Valley total. Cuando se habla de capitalismo hay muchos tipos y hay que tener en cuenta la época y el lugar. Muchas veces es un término útil para hablar de las relaciones de producción en las que estamos inmersos en la actualidad. Hay un tipo de capitalismo clásico: una industria de contenidos protagonizado por las grandes productoras de televisión, de cine, discográficas, ahora las productoras de series de televisión…estos son un tipo de capitalistas. Luego han aparecido otros, con unos intereses distintos.

Hay gente a la que interesaba mucho que hubiera un All you can eat, un todo gratis, en Internet, porque así se venderían más líneas ADSL. Entonces hay gente a la que no le interesa que se respeten determinados Derechos de Autor y quieren que todo esté disponible mientras enarbolan la bandera de la cultura y el conocimiento libre con Internet como un gran ágora, pero en realidad lo que querían era vender más ADSL, vender más ordenadores y vender más dispositivos y más teléfonos con conexión a Internet. Hay gente que es consciente y otros que se convierte en una especie de ’tontos útiles’ instrumentalizados por fortísimos intereses corporativos.

¿Pasa el futuro del negocio por plataformas de pago del tipo Spotify o Netflix?

Internet es un modelo de negocio y quien no quiere pagar Derechos de Autor no los está pagando. La gente se piensa que todo lo que sucede en su época es algo muy especial, es una especie de enorme trastorno narcisista colectivo. Este tipo de debates que tenemos con Internet lo tuvieron de forma análoga cuando surgió la radio, con el fonógrafo, la televisión…muchos de los discursos apocalípticos ya los hemos vivido y, al final, la cosa se nivela. Pasa igual que con la muerte del libro, ¿cuánto tiempo se lleva anunciando?

Al final, de aquí a un tiempo, Internet se acabará mercantilizando y sí que se acabará pagando por los contenidos, directa o indirectamente. Quien más dinero se lleva de Internet son las compañías de telecomunicaciones, por lo tanto, alguna vez algo habrá que pagar.

Internet ha generado los intermediarios más grandes de la historia. En el mundo analógico no hay equivalentes a cosas como Google, Amazon, eBay, PayPal…son empresas sin parangón. Son insorteables y cuando ellos decidan que hay que pagar, pues habrá que pagar. Facebook, por ejemplo, filtra y no permite enlaces de descarga directa. Pues eso es poner puertas al campo. Cuando Internet solamente sea un salto entre Facebook, Google, Twitter y otra cosa más -que a lo que vamos- y se decida que hay que pagar pues entonces sí se empezará a remunerar a los autores.

¿Qué pasa si esa cultura está subvencionada con dinero público? Te pongo el ejemplo del cine español

Es todo un debate. Ahí sí estoy de acuerdo. En lo que no estoy de acuerdo es en que se digitalice la película, se cuelgue, eso beneficie a quien tenga una web con publicidad y a eso se le llame Cultura Libre. Hay que ver el recorrido completo de las obras, desde que se crean hasta que se consumen, y quién se beneficia de todo ello.

Has dicho que los debates en torno al Copyright han sido un monólogo del liberalismo consigo mismo, ¿por qué?

El origen del Copyright es liberal y la única corriente de pensamiento ideológica, política o económica que más ha reflexionado sobre la propiedad intelectual ha sido el liberalismo. La izquierda ha hecho una dejación de funciones tremenda y siempre ha ido a remolque de los debates que el liberalismo ha establecido con este tema.

Se llegó a un consenso que pensaba que la propiedad intelectual es una anomalía dentro del liberalismo y la limita en el tiempo en aras a la mayor difusión de la cultura. La izquierda asume eso y tanto es así que se establecen una serie de regímenes de propiedad intelectual tanto en el marco anglosajón como en el europeo que persisten hasta ahora.

La izquierda no tiene un discurso sobre la propiedad intelectual. Por esa falta de discurso, ha sido el liberalismo quien ha ido tensionando. Hablamos de dos posiciones liberales que chocan y la izquierda mira un poco perpleja. Hay algunos textos desde la izquierda, pero muy pocos. Porque claro, es una propiedad privada pero limitada en el tiempo es muy paradójico y difícilmente procesable, porque abolirla es liberalismo puro y duro.

¿Por eso Marx no habló de Copyright?

Por eso Marx no habló de Copyright. Era perfectamente consciente de las complejidades que había inherentes a la cultura y lo que hablaba del desarrollo de las fuerzas productivas no tenía un correlato cultural. Dijo algunas cosas, pero no muy coherentes, que también refleja esas posturas también no muy coherentes que en general ha tenido la izquierda sobre la cultura y la propiedad intelectual.

Tenemos elecciones el 20 de diciembre, ¿crees que algún partido lleva un discurso sensato en torno a este debate?

No. Hay gente muy buena, pero habrá otras urgencias.

Me han gustado muchísimo las propuestas de Podemos en materia de Propiedad
Intelectual. Se notan dos cosas: que hicieran una encuesta a las personas interesadas (cosa que les dio información muy valiosa) y la mano del abogado David Bravo.

¿Crees que son útiles las Creative Commons como herramienta de transformación social? Favoreciendo la libre difusión de contenidos de carácter social, por ejemplo.

Ninguna. Las Creative Commons son como un guiño para decir ’hola, somos Internet friendly’. Te puedo hablar de medios absolutamente distintos tanto en su funcionamiento como en su línea editorial y todos usan Creative Commons. Esto nos da que pensar.

Todos tuiteamos, cogemos fragmentos y editamos contenidos y no pasa nada. Fluyen igual de bien o de mal los contenidos de El País, que los de Eldiario.es. Los cambios sociales se producen en la producción, no en la distribución. Si las CC asegurasen que a los periodistas se les pagase más, pues bien. El problema es que hoy a los periodistas se les paga menos.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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