Daniel Defoe y La Felguera

Mi aportación a Himno a la picota. De villano a héroe y espía en tres actos.

Por lo tanto, el miedo al peligro es diez mil veces más terrible que el propio peligro.

Daniel Defoe

Es imposible hacer un prólogo sobre Daniel Defoe. Imposible. Si hay una figura borrosa, contradictoria y sobre la que existen infinidad de mitos y espejismos es precisamente la suya. Incluso parecería que sus seguidores quisieron, de manera voluntaria o involuntaria, seguir las andanzas de uno de los mayores maestros del engaño. El más notable es el caso de Julio Cortázar: lo que aparentemente iba a ser una cuidada traducción de la celebérrima Robinson Crusoe resultó ser una obra derivada, donde se esfumó casi un tercio del texto original. Las razones de la mutilación no están del todo claras. Hay autores que afirman que Cortázar lo hizo motivado por cuestiones ideológicas, ya que desaparecieron muchas partes en las que se tocaban temas religiosos o morales. Otras versiones, más plausibles, achaca la peculiar traducción a que utilizó una versión contemporánea a la de Defoe pero creada por el editor pirata Cox. Éste cercenó la obra y la publicó sin autorización o supervisión por parte de Daniel Defoe, con el agravante de incluir en su edición el increíble aviso de «escrito originalmente por él mismo [Daniel Defoe] y ahora fielmente abreviado sin omisión de ninguna circunstancia destacable».

Atajos

Para seguir el camino más corto hacia Daniel Defoe los atajos hacen que nos perdamos de manera casi irremediable. La mayoría de las semblanzas de su vida u obra tienen un molesto tono hiperbólico. Se le caracteriza como el padre de la novela inglesa, del periodismo moderno y se suelen publicitar las sucesivas ediciones de Robinson Crusoe como el segundo libro más leído del mundo (eurocéntrico) después de la Biblia. Y, por si fuera poco, la web registryofpseudonyms.com le atribuye al menos 198 seudónimos… por lo que el intentar establecer un canon razonable de Defoe inevitablemente va a seguir entreteniendo a futuras generaciones de académicos. A toda esta complejidad bibliográfica hay que añadirle otra político-religiosa: fue un profesional que alquilaba su pluma y se prestaba a participar con sus engaños en campañas políticas de muy distinto signo. Así las cosas, su orientación política y las motivaciones últimas que le llevaron a escribir muchos de sus textos siguen siendo un misterio. Las sangrientas luchas políticas que le tocaron vivir a Defoe fueron para él la materia prima con las que modelar todo tipo de textos, bulos y polémicas de enorme impacto, y que le llevaron a dar varias veces con sus huesos en la cárcel. ¿Fue el mejor panfletista de la historia, un provocador a sueldo, un inspirado periodista o, lo que es más conocido, un escritor de novelas de éxito arrollador? Que cada cual elija a su Defoe favorito. Todos son igual de reales y de falsos. Recordemos que hasta intentó hacer pasar casi todas sus novelas, de Robinson Crusoe a Diario del año de la peste como si fueran historias reales…

Desvíos

Olvidemos los atajos y cojamos rápidamente un desvío, el de la calle Grub. Esa mítica calle de Londres fue un espacio tanto físico como cultural, de donde surgieron unos trabajadores muy peculiares: los primeros autores que lograron subsistir sin depender del mecenazgo de la nobleza y el clero. Uno de los mayores enemigos de Defoe fue Jonathan Swift, que llegó a hablar despectivamente de una Republica Grubstreetana, en alusión a ese explosivo magma de editores piratas y escritores a sueldo, aunque la calle quedó definitavemente inmortalizada en el descarnado retrato que hizo Alexander Pope en La Dunciada. No es posible entender la figura de Daniel Defoe si no es a través de la calle Grub, donde panfletos y libelos se entremezclaban con los primeros periódicos -el Review del propio Defoe, el Examiner de Swift, etc.-, en el seno de una verdadera avalancha de ediciones pirata de los libros de éxito que precedió al nacimiento del copyright. Todas las sectas protestantes y facciones políticas de la Inglaterra de principios del siglo XVIII ajustaron cuentas a través de la letra impresa. El campo de batalla de esa lucha dialéctica fue la calle Grub, donde Daniel Defoe destacó con textos que fueron auténticos seísmos políticos. Así lo entendieron las autoridades de la época, ya que no pararon hasta encontrar al autor del genial panfleto El camino mas corto con los disidentes.

Mapas

El camino mas corto con los disidentes se publicó en 1702 y a Defoe se le fue de las manos. Lo escribió mimetizando el estilo del ala más reaccionaria de la Iglesia Anglicana, con un tono vitriólico donde se pedía la deportación de Inglaterra de los disidentes. Por disidentes se aludía al complejo universo de las sectas protestantes radicales o puritanas, que en general general jugaban un papel muy activo en la política de la época. Defoe mismo era un disidente, y el motivo de su engaño con El camino mas corto… fue el intentar desacreditar a sus rivales políticos directos, los Tories, dañando al máximo su imagen pública. No está del todo claro si planeó hacerlo pasar por un texto real o simplemente quiso lanzar una provocación, pero su contenido se recibió de manera literal. Muchos miembros de la Iglesia oficial y del partido Torie aplaudieron el texto, mientras que las diferentes facciones de los disidentes comenzaron a organizarse ante lo que tomaron como el comienzo de una ofensiva generalizada. Estas sectas tenían un fuerte arraigo social y gran capacidad de movilización, por lo que el Gobierno se alarmó mucho ante el enorme impacto del panfleto. La maquinaria gubernamental se puso en marcha y Defoe pronto fue identificado y apresado. Su vida quedó marcada para siempre, ya que para poder salir de la cárcel tuvo que convertirse en espía gubernamental, es decir, trabajar para los mismos enemigos políticos a los que quiso laminar con El camino mas corto… Pero antes de ser liberado fue condenado a la picota, un castigo que consistía en una peligrosa humillación pública. La picota se componía de dos placas de metal o madera cerradas con un candado y con 3 orificios: uno para la cabeza y dos para las manos. Cuando alguien era condenado a ese tormento se anunciaba públicamente, y lo más usual era que al reo se le lanzaran todo tipo de objetos, desde excrementos a piedras. Su picota fue una de las más atípicas de la historia: sus amigos y seguidores le rodearon y, arroparon durante su martirio, brindando con vino y lanzándole flores, mientras impedían que sufriera ningún daño por partes de sus numerosos enemigos. El himno a la picota se redactó para ser leído y vendido por las calles mientras sus amigos le protegían y brindaban con él las tres veces que fue martirizado. Estos textos hacen que, por fin, encontremos al verdadero y escurridizo Defoe.

De activista a novelista, pasando por periodista y espía

Al ser excarcelado y librarse de ser malherido en la picota (algo muy habitual en este tipo de castigos) acaba la etapa de activista disidente. Comienza a trabajar entonces como periodista y espía para Robert Harley, Primer Conde de Oxford y Mortimer, originalmente un whig (término con el que se conocía a los liberales de la época) que fue evolucionando a posiciones conservadoras y próximas a los Tories. Está más que documentado que Harley fue uno de los primeros políticos en otorgar una gran importancia a los medios de comunicación y a la cultura: tuvo en plantilla no sólo a Daniel Defoe, también a autores de renombre (y enemigos acérrimos suyos) como Jonathan Swift o Alexander Pope. Defoe dirigió el medio progubernamental Review (1704-1713), en el que se apoyaban las políticas de Harley en relación con la unificación con Escocia, mientras en paralelo creó una red de informadores por todo el país para poder elaborar sus informes. Al finalizar su etapa como espía,al servicio de gobiernos de distinta orientación política, la vida de Defoe dió un nuevo giro en 1719 debido al inesperado y enorme éxito de su novela Robinson Cruose. Se inicia así una fecunda etapa en la que Defoe, siempre perseguido por las deudas y los negocios ruinosos, pero donde creó obras absolutamente irrepetibles. Hablamos de las protofeminista Moll Flanders o Roxanna, además de la injustamente olvidada Las aventuras del capitán Singleton, una genial novela de piratas que a la vez es una de las primeras novelas de protagonistas gais de la historia, algo inaudito para la época. O bien Historia del diablo, que se suele recibir como una sátira pero que (por una vez) Defoe escribió muy en serio. Pero a pesar de todo esto nuestro héroe moriría en la semiclandestinidad, ya que ni siquiera sus fulgurantes éxitos editoriales pudieron salvarle de las deudas que acarreó toda su vida.

Junto a El camino mas corto con los disidentes, El himno a la picota es uno de los mapas antes aludidos con los que nos podemos orientar dentro del maravilloso universo de Defoe, ya que marcan el punto de inflexión definitivo en su vida. Con estos dos textos murió un disidente bastante torpe y nació un creador absolutamente único.

Anuncios

Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Daniel Defoe y La Felguera

  1. alondra dijo:

    me gusta la historias

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s