Los Sírex y el carné de Circo y Variedades del Sindicato Vertical

Fragmento de Los Sírex. 50 años de historia que ni La Escoba ha podido barrer

Cómo solía ocurrir en esa época con los grupos noveles, desde el Sindicato de Músicos Profesionales […] enviaron a un representante, un tal Saleta, que se plantó en el local en medio de un baile, advirtiendo al dueño que el grupo no podía tocar sin el carné reglamentario. Ante la presencia amenazante de aquel tipo, no tuvieron más remedio que suspender la actuación […].

Al día siguiente, acompañados por Salvador, se fueron al sindicato a tratar de solventar el tema y allí les dijeron que no podían tocar a menos que tuvieran la documentación en regla. Ya metidos en harina, les explicaron que existían dos carnés diferentes, uno blanco, para músicos profesionales y que permitía tocar en cualquier sitio y otro, de color rosa, más permisible, pero que sólo autorizaba a su titular para actuar durante los fines de semana. Era el denominado Carné de Circo y Variedades que se expedía para dar cobertura legal, al margen de los profesionales de la música, a otros artistas que practicaban variedades en general (humoristas, magos, bailarines, circo, etcétera) y a otros músicos pseudoamateurs, como Los Sírex, que no habían pasado por el conservatorio y que, por tanto, carecían de titulación oficial:

GUILLERMO: Decidimos sacarnos aquel carné, aunque nos advirtieron que no estaban previstos exámenes hasta al cabo de tres o cuatro meses.

Como no podían esperarse tanto tiempo para obtenerlo porque si no perdería su contrato con el Yaya, decidieron acudir a un abogado para ver que podían hacer al respecto. El letrado presentó un escrito en el que alegaba que, según rezaba de manera textual el Fuero de los Españoles, “a ningún español se le podía negar el derecho al trabajo”. La respuesta desde el sindicato fue positiva a sus intereses, puesto que les tramitaron de momento un permiso provisional hasta que pudiesen presentarse a los exámenes reglamentarios.

GUILLERMO: El examen fue un fiasco… había muchos que se disfrazaban para pasar la prueba. Si te veían con una guitarra eléctrica te suspendían inmediatamente. No llevábamos el pelo muy largo pero en esa época a la mínima te llamaban maricón. Yo me pegué con dos o tres por culpa de eso.

LESLIE: En el examen interpretamos “Pippermint Twist”, una canción que cantaba entonces Pepino di Capri. Empezamos “Pippermint twist na, na…” y nos dicen “¡en castellano!, ¡en castellano!”.  Nos quedamos tiesos. Pero como yo soy muy decidido, empecé: “Oye niña ven a bailar este twist,  la,  la,  la”. Ya está.  Nos pusieron el timbre al batería y a mí.

Finalmente obtuvieron el dichoso Carné de Circo y Variedades del Sindicato Vertical; no los cinco, pero sí en suficiente número como para poder actuar sin problemas de ahí en adelante.El documento, físicamente, era un cuadernillo con una franja roja y por una cara tenía el anagrama del sindicato y por la otra el yugo y las flechas.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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