Balzac, Víctor Hugo y Zola tenían muy claro el trabajo cultural

Balzac planteó en su Carta dirigida a los escritores (1834) que, gracias a la propiedad intelectual, la actividad artística podría abrirse a más clases sociales y que no fuera únicamente accesible a la nobleza o personas con una posición económica privilegiada:

La Fontaine dedicó a Louis XIV la fábula de El sol y las ranas. El bueno de él, enardecido, fue capaz de gritar sin merecer por ello ser enviado a la Bastilla: ¡Nuestro enemigo es el patrón! El siglo pasado, que vio aumentar la masa lectora e inteligente, si Montesquieu no hubiera sido rico El Espíritu de las leyes lo hubiera dejado en la miseria […]. Rabelais trabajó siempre en medio de la ociosidad. Rafael se abastecía a manos llenas de los tesoros de Roma; Montesquieu, Buffon, Voltaire eran ricos. Bacon era canciller. Guillermo Tell, la ópera más imponente de Rossini, se debe a una época en que este gran genio había dejado de pasar necesidad, mientras que Mozart, como Weber, murió de miseria […]. Beethoven, Rousseau, Cervantes y Camõens son excepciones discutibles.

En su Discours d’ouverture du Congrès littéraire international (1878) Víctor Hugo defendió la necesidad del dominio público y planteó la necesidad de una propiedadad literaria que fuera garante de la independencia económica y creativa de los autores:

La propiedad literaria es de interés general. Todas las viejas leyes monárquicas negaron y siguen negando la propiedad literaria. ¿Con qué objetivo? Con el objetivo de la servidumbre. El escritor propietario es un escritor libre. Quitarle su propiedad es quitarle su independencia.

Finalmente, Zola, en la línea de Balzac, planteó en su texto El dinero en la literatura (1880) que el escritor era en realidad también un obrero:

A partir del momento en el que el pueblo sabe leer y puede leer a precio económico, el comercio de la librería duplica sus negocios y el escritor encuentra con amplitud el medio de vivir de su pluma… un autor es un obrero como otro cualquiera que se gana la vida con su trabajo.

Anuncios

Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
Esta entrada fue publicada en Historia, Textos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s