Living Lavapiés

Escribí esto por encargo, pero como finalmente no entrará en el medio para el que lo redacté no quiero que quede inédito. Es mi visión sobre el patio trasero contracultural y activista de Madrid conocido como Lavapiés. Que lo disfruten.

INTRODUCCIÓN: Vivimos en un país atravesado por constantes burbujas y modas. Da la impresión de que todo es susceptible de ser mercantilizado y, por tanto, comercializado y consumido. Incluidos los barrios. Este es un retrato de uno de los más mediáticos de Madrid, de fama errática, del cual a veces es difícil distinguir entre mito y realidad.

Dos de los responsables de la peculiar fama que rodea a Lavapiés están muy vinculados a lo que se ha dado en llamar la nueva política. Hablamos del actor y político Toni Cantó y del exactivista y también político Pablo Iglesias. En 2002 se produjo una tormenta perfecta en la que confluyeron varios factores que determinaron la visión que tenemos de esta zona de Madrid. En ese momento colisionaron Operación Triunfo y Cantó, por un lado, y el Movimiento Antiglobalización e Iglesias, por otro, lo que tuvo por resultado la recuperación de las dimensiones míticas que tuvo Lavapiés en épocas ya lejanas. Pero antes de explicar este peculiar proceso mediático empecemos por el principio de la historia.

Hay que aclarar que Lavapiés no existe. Legalmente no es más que la denominación informal de una zona del barrio de Embajadores. La extensión de esta entidad imaginaria varía dependiendo del entusiasmo de nuestro interlocutor, pero podemos dar por buena la acotación que se hace en su entrada en Wikipedia, donde se habla de una zona comprendida entre El Rastro, Tirso de Molina y el Museo Reina Sofía y cuyo epicentro es la plaza homónima. Uno de los mitos más comunes es el supuesto pasado judío de Lavapiés, a pesar de que nunca se hayan encontrado los restos de la supuesta sinagoga en la calle San Lorenzo o el cementerio judío en Salitre.

Como se recuerda en el magnífico blog MadridLaCiudad  la dimensión mítica de Lavapiés se construyó a la vez que la no menos mítica invención del casticismo madrileño. Por alguna razón que hoy se nos escapa, los autores de zarzuelas del siglo XIX decidieron adjudicar al barrio la esencia misma del casticismo, de ahí que surgieran obras como La emperatriz de Lavapiés, El Barberillo de Lavapiés, Lavapiés y Las Vistillas o La cigarrera de Lavapiés. La invención de la tradición en Madrid tuvo su máxima expresión en un barrio que (se supone) ahora es la máxima expresión de la multiculturalidad. Entre medias, el realismo de la magnífica obra de Arturo Barea La forja de un rebelde (1951) es de los pocos documentos fiables que podemos encontrar sobre la realidad social del barrio.

La dictadura franquista, probablemente gracias a las simpatías generadas por todos los sainetes y zarzuelas ambientados ahí, dejó Lavapiés en un estado de semi-abandono y no se volcó en su control, a pesar de ser una zona tradicionalmente obrera. Sólo así se entiende que se haya conservado la única mención a la República Española que existe en un monumento público madrileño: una inscripción en la fuente de la plaza de Cabestreros. Hasta hace muy poco estuvieron abandonadas las Escuelas Pías de la plaza de Agustín Lara, que ardieron un día después del estallido de la guerra civil. Fue en el año 2002 en el que las ruinas de las Escuelas Pías se aprovecharon para construir una biblioteca, precisamente el año en que se lanzó la serie Living Lavapiés y se ocupó el centro social El Labo 03, uno de los más influyentes de Madrid a pesar de su corta existencia.

En el 2002 se hace fuerte el mito del Lavapiés actual. Debido al éxito arrollador de Operación Triunfo, Toni Cantó y el director Jokin Oregi decidieron lanzar Destino Lavapiés, a medio camino entre el casting y el reality show, para elegir así a los actores y actrices que integrarían el reparto de la serie Living Lavapiés. Las notas promocionales de Living Lavapiés hablaban de una serie ambientada en un barrio “cosmopolita y heterogéneo, mestizo y plural”. Fue la primera serie dedicada a un barrio madrileño.

Por su parte, ese mismo año surgía el centro social El Labo 03, uno de los epicentros del activismo okupa más aperturista, donde se integraron todos los miembros del Movimiento de Resistencia Global – MRG. Una de sus figuras más destacadas fue un joven Pablo Iglesias, que vivió sus 15 minutos de gloria en el 2001. Ya en el 2002 comenzaba el ocaso del muy mediático Movimiento Antiglobalización, que en Madrid quedó, debido a la relación de colectivos como el MRG con la okupa del Labo 03, fuertemente asociado al barrio de Lavapiés, del que se llegó a decir en la época que estaba a punto de alumbrar una “nueva movida madrileña”. Pero no llegó la revolución ni la nueva movida.

En la actualidad, en las calles de Lavapiés se cruzan grupos de manteros con pelotones de cicloturistas sobre un fondo de carteles políticos de todo tipo. No hay partido a la izquierda de IU, sindicato alternativo o colectivo social en Madrid que no pegue sus carteles por las calles de Lavapiés, el barrio “político” por antonomasia. En él coexisten la segunda sede del Centro Dramático Nacional, una biblioteca de la UNED, infinidad de librerías y los restos de un movimiento okupa que llegó a convertirse en una de las señas de identidad del barrio. Incluso quienes no sentimos muchas simpatías por él reconocemos que Lavapiés es un barrio con personalidad propia y que ejerce una extraña atracción a quien entra en sus calles. Por encima de mitos y clichés, Lavapiés ejemplifica cómo todo puede consumirse. A través de grupos de consumo, cerveza artesanal y huertos urbanos, pero que debería ser analizado desde el prisma de libros como BoBos en el Paraíso o Rebelarse vende: el negocio de la contracultura.

Junto a muchos proyectos honestos, que intentan aportar su granito de arena para una cultura y ocio alejados de los valores capitalistas y neoliberales también hay infinidad de proyectos oportunistas (en el sentido de que intentan aprovechar su capital contracultural) y mil y un restaurantes hindúes, de los que casi es imposible escapar cuando se baja hacia la plaza. ¿Activismo? ¿redes sociales densas? ¿multiculturalidad? ¿ocio alternativo? Todo eso existe en Lavapiés, pero atravesado, como sucede en el resto de Madrid, por el consumo desaforado dentro de lo que en realidad es una zona más (¿gueto?) de la ciudad-escaparate, hogar de nuevas y viejas subculturas. Lavapiés es de los pocos barrios que se revuelven contra las redadas racistas, la brutalidad policial y el mobbing inmobiliario, mientras su proceso de gentrificación continúa, el multiculturalismo es una moda y su nombre aparece en todas y cada una de las guías para turistas.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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