¿Nacionalización de las entidades de gestión?

Framento del magnífico Cambiar las reglas del juego también en cultura. Anímense a opinar en los comentarios, por favor.

Las entidades de gestión nacieron como parte de los sistemas de derechos de autor tradicionales que, al menos en teoría, aspiraban a un cierto equilibrio entre los intereses de los distintos sectores implicados en la producción y difusión cultural: creadores, mediadores y público. Es un modelo que se ha derrumbado. Las entidades de gestión se enfrentan a la decadencia de la industria tradicional del copyright. Sencillamente el mercado ya no es el vehículo adecuado para remunerar a una mayoría de creadores.

Las dos únicas respuestas a esta situación que hemos escuchado son el darwinismo neoliberal (“que se adapten y vivan del directo”) o una aceleración represiva de las dimensiones extractivas y especulativas (“a la cárcel con los manteros”). Tal vez una manera más razonable de paliar esos fallos del mercado sería una intervención pública que nos permita tomar decisiones colectivas en este campo. Por ejemplo, establecer qué prácticas creativas consideramos que deben ser financiadas y remuneradas y a través de qué mecanismos: mercantiles, públicos, colaborativos… En un contexto como ese, los derechos de propiedad intelectual serían un elemento más de un marco de equilibrios más amplio dirigido a garantizar la retribución razonable de creadores y mediadores y el acceso público a los bienes culturales.

Para ello se podría convertir las entidades de gestión en plataformas públicas de negociación colectiva entre mediadores, productores y representantes de los intereses de la ciudadanía. Una institución así podría tener capacidad para, por ejemplo, tasar a las grandes empresas de telecomunicaciones, limitar las prácticas especulativas o monopolísticas de algunos intermediarios, promover sistemas de protección social adecuados para los creadores, imponer licencias libres en las actividades financiadas con dinero público, diseñar mecanismos de representación sindical apropiados para los trabajadores culturales…

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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Una respuesta a ¿Nacionalización de las entidades de gestión?

  1. Obviamente no comparto las premisas de ese “darwinismo neoliberal” ni creo que el “a la cárcel con los manteros” sea una solución a los problemas que asolan hoy al derecho de autor. Sin embargo, sigo pensando que las entidades de gestión son la mejor herramienta para la defensa de este derecho (que, como toda herramienta puede utilizarse con buen o mal criterio, naturalmente) y que la “nacionalización” de la cultura (que nada tiene que ver con su promoción, protección y su estímulo desde el Estado e instituciones públicas) no es el remedio. Menos aún desde la perspectiva que nos ofrece un análisis de la gestión pública en general, por lo que la idea de convertir las entidades de gestión en “plataformas públicas” me produce más desasosiego que otra cosa. Claro que sí se extendiese esta “democratización” a todos los ámbitos de la realidad económica sería diferente, pero creo que eso ya se ha intentado (aunque Marx se dejase olvidada la cuestión del copyright 😉

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