Entrevista a Jaume Balmes – segunda parte

Segunda parte de la interesantísima entrevista a Jaume Balmes.

¿Leíste Creación, edición y lectura: presente y pasado? para Roger Chartier lo digital está cambiando hasta nuestra manera de leer ¿compartes esa opinión? ¿se “lee” y por tanto se “aprende” distinto al pasar de formatos como el códice al hipertexto o libro electrónico?

Es habitual que para «menospreciar» el libro impreso se lo compare con el códice, cuando técnicamente tiene poco o nada que ver, eso ya me alerta y me disuade de seguir leyendo. Pero una vez leído, mi respuesta es rápida: no estoy de acuerdo, y menos cómo lo plantea él. Pero déja que me vaya por los Cerros de Úbeda y remarque unas citas de Chartier en ese artículo que me pone los pelos de punta (y me dejo sin responder la primera parte, pues no tengo opinión al respecto, de hecho los estudios científicos demuestran diferencias, pero no en el sentido de Chartier):

«Todo debe ser más exigente, debido a los riesgos indomables de la Red, porque el lector fiscaliza el trabajo»

Esto lo dice un historiador. ¿Nos está queriendo decir que hasta ahora lo que se publicaba no tenía ningún control de calidad? ¿Está diciendo que los comités editoriales de las editoriales académicas formados por expertos no hacen su trabajo? ¿Está diciendo que hasta ahora él no se miraba lo que publicaba con profesionalidad y cariño? Es todo tan absurdo que cae por sí solo. Vamos con otra:

«La gran democratización de la creación y la divulgación. “Es una especie del sueño del pasado, como en la Ilustración, porque cada uno puede participar en la construcción del presente. Pero eso implica la desaparición del orden y del discurso instaurado desde Gutemberg…”»

Tela marinera. Empecemos por el final. Otro bulo constante, recurso que desactiva todo interés por cualquier escrito sobre el libro: desde Gutemberg todo ha seguido igual. El sector editorial de hoy en día no tiene nada que ver, en forma, contenido, modelo de negocio, procesos técnicos, técnicas de impresión, encuadernación, distribución, venta, etc. con el de hace 50 años. ¿Cómo va a parecerse lo más mínimo con el que había hace 500 años, cuando ni siquiera existían editoriales? Es un recurso tan absurdo que denota total ignorancia del sector editorial tanto actual como de su historia a cualquiera que lo esgrime.

Y vayamos al otro tema: la democratización. El libro digital no ha democratizado nada. Para empezar hay que retorcer semánticamente la democracia hasta niveles de maltrato medieval para usarla en un contexto cómo éste. Pero vale, aceptemos pulpo cómo animal de compañía. ¿Alguien ha mirado qué impacto real tiene tanto en los creadores cómo en los consumidores la creación de herramientas de autopublicación? Más allá de informes interesados de Amazon no hay nada, y yo no veo más que desaparecer editoriales pequeñas, a autores que no cobran nada por sus libros y servicios de autopublicación que timan a sus clientes haciéndose pasar por servicios de autoedición. Es más, pero aquí entraríamos en temas más complejos: ¿Qué democratización deja fuera a todo aquel que no tenga las herramientas que se necesitan para poder autopublicar? Podríamos buscar paralelismos con la «nueva democracia online», pero creo que me interesa más no retorcer el significado de la maltratada palabra democracia.

Otra:

«Librerías, bibliotecas y medios de comunicación son los puntos más frágiles en el ecosistema del libro y la divulgación de la cultura»

«Ecosistema del libro» otra de estas que ponen en alerta. Pero además es mentira. Para empezar, los medios de comunicación no son parte del ecosistema del libro, se pongan los periodistas-más-culturales-que-periodistas como se pongan. Prensa, televisión, radio, lo que sea, pero no libro. Además no divulgan cultura, ni la deben divulgar, si acaso deben divulgar las noticias relacionadas con la cultura, no la cultura en sí, si es al revés algo falla de verdad. De hecho es verdad que falla, pues cada vez hay más libros-noticiero y más revistas-libro.

Qué debe y qué no debe tener un libro electrónico.

Esta es fácil, un libro electrónico es un libro, debe tener todo lo que debe tener
cualquier otro formato de libro. Nada más, y nada menos.

De qué libros no harías jamás una edición electrónica y viceversa.

Se me antoja difícil una edición electrónica de La historia interminable, pero ya existen ediciones en papel que le quitan todo lo que lo define gráficamente así que…

Creo que lo realmente interesante está en ver lo que define un libro, que en verdad tiene más que ver con todo el proceso de edición y producción que con la creación del texto original. El proceso de edición, desde la concepción temática del libro, gráfica y técnica, es lo que transforma un texto en un libro. Y ahí el editor tiene que buscar la manera de poder publicar en los formatos que sean necesarios según su público objetivo.

En verdad creo que los únicos libros que no deberían ser digitales son los libros de texto, pero no quiero abrir un debate sobre esto.

Acabemos hablando de mitos… ¿internet elimina intermediarios?

Ya te contestas antes de lanzar la pregunta. No solo no elimina si no que añade
intermediarios mucho más malos (en el sentido de maldad y de mala calidad).

¿Internet ha democratizado la cultura?

Mierda, creo que, en parte, te he contestado antes. Pero además quiero añadir que
Umberto Eco dijo hace poco algo sobre el tema que me parece exquisito:

«La televisión en Italia ha hecho mucho bien a los pobres, les ha enseñado un nivel estándar de idioma, y mal a los ricos, que se quedaban en casa en vez de ir a un concierto. Y no hablamos de ricos o pobres en función del dinero que tengan, sino de ideas, de ganas. La televisión en Italia ha enseñado a hablar a masas de campesinos, obreros, en la Italia unificada. Internet es lo contrario: a los ricos que lo saben usar, les va bien; los pobres, que no lo saben usar, no tienen capacidad para distinguir»

Librerías, bibliotecas y medios de comunicación son los puntos más frágiles en el ecosistema del libro y la divulgación de la cultura.

Por último… ¿hay bienes comunes digitales o un procomún cultural?

Esta me abstengo, pues es un tema que siempre me ha dado una pereza inconmensurable.

¿Qué opinas de las propuestas de dominio público pagante?

Tengo que decir que no conocía el término, y que me interesa ver cómo se puede desarrollar algo así. Creo que por sí solo no tiene ningún sentido, y también que las críticas de «barrera» son absurdas (no hay barrera, si no vendes no pagas, joder, eso es un privilegio para un editor, que es quien lo paga todo menos las horas de trabajo del autor). Pero creo que debería formar parte de un plan más amplio de desarrollo de la creación y edición cultural.

Destinar esos ingresos a la traducción de obras autóctonas a otros idiomas, por ejemplo, cosa que hacen muchos países y suponen la única oportunidad de publicación en el extranjero de muchas obras muy buenas pero minoritarias (creo que eso de democratizar debería ir más por este camino… que por cierto muchos países europeos tienen planes muy bien dotados de este tipo, y realmente generan mucha riqueza, tangible e intangible, en el sector y en la cultura).

O destinarlos a la reedición de obras sin salida en el mercado pero imprescindibles para la cultura, o ya puestos, a crear una verdadera editorial pública nacional que funcione cómo catalizador cultural en el país (alaaa rojo de mierda, comunistaaaaaaa, y cosas de esas). En verdad creo que la única esperanza del sector editorial está en el Estado asumiendo sus propias funciones, y dejando al sector privado la rentabilidad económica, dudosa, de editar y publicar libros. Incluso en colaboración mediante coediciónes y demás.

¿Algo más que añadir?

Por ahora y en público no.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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