Entrevista a Jaume Balmes – primera parte

Contacto Jaume Balmes: email me@jbalmes.com Twitter @jaumebalmes

Primera parte de una entrevista exclusiva para este blog. Que lo disfruten.

¿Quién es Jaume Balmes?

Jaume Balmes es una persona que confía demasiado en otras personas y demasiado poco
en sí mismo, pese a las hostias que se lleva día sí día también.

¿Cómo te acercas al mundo editorial? ¿y por qué en concreto a la pro­duc­ción de libros elec­tró­ni­cos?

De formación soy grafista (después de pasar por varias carreras inacabadas, empezando por Matemáticas). Grafista es lo que hoy en día se llama (mal) Diseñador Gráfico (así en mayúsculas), esa plaga de trabajadores de franquicias de comida rápida y ropa de Bangladesh. Entre otras cosas, lo que se enseña muy mal, por no decir vergonzosamente mal, en la formación para grafistas (incluso en formación post-universitaria especializada en diseño de libros) es el diseño de libros, sobre todo de las tripas («interiores» en argot técnico libresco), y era el objeto «diseñable» que más me interesaba.

Aproveché que mi pareja trabaja en una editorial multinacional para que me pasara algún contacto de taller de composición (los libros se componen, no se «maquetan») donde hacer prácticas (tenía unos 6 meses de paro en ese momento) y poder aprender todo aquello que ignoraba por completo al respecto. Bueno, fui a parar a un taller de los que ya no quedan: con trabajadores que empezaron en pantalón (o falda) corta, con sueldos de otra época (por decentes), profesionalidad como pilar fundamental de la empresa y con un propietario medio anarquista medio trosko (creo que no lo sabe ni él) que, en ese momento, llevaba el taller, una editorial y una distribuidora (ésta última ya cerró). La historia es un poco larga, sigo. Mi intención era hacer prácticas, por aquello de aprender haciendo y tal.

Pero mi formación fue totalmente por otro camino. Una vez acordamos que me formaría, y que se lo tomaba (el propietario) cómo un proyecto personal, me dio media decena de libros de los años 70 de formación de los salesianos (Ediciones Don Bosco, ahora conocido como Edebé) en artes gráficas y pasamos a encontrarnos para ir comentándolos conforme fuera leyendo. Así aprendí todo lo relacionado con la composición de libros, esa noble y ninguneada profesión llamada tipografía. Entendí que un «diseñador» nunca te podría «maquetar» un libro con garantías. Aprendí que lo más importante no tiene nada que ver con programas de ordenador ni tecnologías de impresión. En definitiva me convertí en tipógrafo (otra palabra muy mal usada hoy en día, es lo que se conoce, mal, como «maquetador» y no diseñador de tipos de letra) a base de leer y debatir. No toqué ni una máquina en mi formación.

Ni una, cosa que agradezco hoy en día muchísimo. Bueno, ya hemos llegado a los libros. ¿Cómo llegamos a los libros electrónicos? Pues estamos hablando de hace 5 años, principios de 2010, ni siquiera se hablaba de libros electrónicos, Amazon era donde comprábamos discos cuya importación en España era nula o triplicaba su precio, algún proyecto desastroso ya había muerto y los gremios de artes gráficas miraban con recelo la ola que precedía el tsunami inminente. Haciendo un inciso relevante, desde los principios de Internet en España, eso que servía para el Windows Messenger y Napster, yo había jugueteado con el HTML, con el tiempo incluso había hecho formación básica en centros culturales y proyectos de alfabetización digital (era joven y necesitaba dinero…). Pues un día José Luís (el propietario del taller y mi padrino/formador en el mundo del libro) me manda un mensaje diciendo que me mire esto de los libros electrónicos, que sus clientes empezaban a sondear. Hago caso, me lo miro y descubro, con cierta sorpresa, que no son más que pequeños sitios web empaquetados y que técnicamente era algo que tenía por la mano. Y así se mostró ante mí el mundo de los libros electrónicos y su composición. En un mes ya estaba listo para componer libros electrónicos a un nivel profesional y aquí seguimos. Aunque la rentabilidad ya tal.

Juan Gómez Jurado dijo en el 2011 que la piratería en España no existe. ¿Qué opinas de la piratería: existe, no existe…? ¿te gusta el término?

No hay que hacer caso de lo que dicen los ignorantes para que le aplaudan cuatro idiotas. Él mismo ha intentado que se «descolgaran» libros suyos en portales de descarga de libros electrónicos, sin éxito. La piratería existe, evidentemente, yo mismo he «pirateado libros» y «pirateo» series de la HBO asiduamente. Otra cosa es el efecto que pueda tener en el mercado, y otra cosa es el efecto que puede tener en el monopolio de los grandes sobre los
pequeños (la piratería sólo favorece a los grandes, que también son los más «pirateados», es una manera de llegar saltándose la poca regulación en favor de la edición pequeña —me niego a decir independiente— a llenar el mercado y desplazar competidores sin su fuerza financiera).

En definitiva, existe, y existe porque interesa a los que más se quejan públicamente. Y aquí podríamos decir algo interesante sobre el papel de la piratería en el circo (porque el pan ya han visto que nos lo pueden quitar sin problemas) que nos mantiene ocupados, pero mejor lean a Morozov, —si entienden bien el inglés se ahorrarán la horrible edición de Planeta (eso debería considerarse piratería también, lástima que los autores hagan poco uso del derecho moral a retirar del mercado sus obras, igual sería la manera que se respetara más todo el proceso editorial)— en The Net Delusion (El desengaño de Internet en castellano).
Y sobre el témino, no me parece mal, no soy un literato (y ahora me van a crucificar mis amigos en el mundo libresco), y me da realmente igual la lengua y las palabras, y lo que pase con ellas. Lo importante es que cumpla la función que tiene: comunicar.

Y con eso no digo más que eso, no defiendo la lengua única (ni me opongo enérgicamente), ni el empobrecimiento del vocabulario, igual es lo único del pensamiento de mi idolatrado Eric Arthur Blair que no comparto. En resumen, se le llama piratería, pues muy bien. Más feo el nombre Gertrudis y hay hasta un grupo de ¿música? con ese nombre.

¿Piensas que tienen algún futuro las pequeñas librerías? ¿cómo podrían adaptarse?

Vaya por delante que, aunque he trabajado en un par de ellas (y en una conocí a la madre de mi hijo, cómo no estar agradecido) mi conocimiento como negocio de ellas es poco, pero ya que me preguntas pues diré lo que a mí me parece siempre con esa advertencia. Las pequeñas librerías tienen el futuro que tenga la lectura. Y por lectura me refiero a lectura consciente y buscada, lejos de perseguir los últimos best-sellers.

Y la lectura tiene un futuro ciertamente malo, con los índices de comprensión lectora en mínimos no hay manera de recuperar la lectura consciente, y los libros se ven relegados a un mar de entretenimiento supuestamente cultural. Y sobre eso la librería (hay que diferenciar librería de supermercado de libros) no puede aportar nada, así que su función desaparece, y por lo tanto desaparece del todo. Incrementar la comprensión lectora, los índices de lectura es lo único que puede salvarlas, pero solo tienen un aliado, y no están por la labor: las bibliotecas públicas (lo que están haciendo con las bibliotecas en Catalunya es tan demencial que no sé por que siguen habiendo estanterías…). Fuera de eso, si el libro del momento te lo encuentras junto a las barras de pan de plástico cerca de las cajas del supermercado, ¿para qué narices vas a ir a comprarlos a esa librería llena
de molestos libros que no va a leer nadie?

Hablando de adaptación, no creo que haya nada que adaptar, cumplen una función. Si esa función ya no tiene demanda, desaparecen, así de simple. Lo demás son parches absurdos y, en muchos casos, contraproducentes. Convertir una librería en una cafetería decorada con libros es dejar de ser una librería, con vinos, restaurante, juguetes infantiles o lo que sea, no es una librería. Pero aquí podríamos decir que no paran de abrir nuevas librerías, y aquí te daré una simple y plana razón por qué las librerías son un atractivo donde (mal)gastar el finiquito del despido: es la tienda con menos riesgo financiero, pues las existencias para vender siempre puedes devolverlas al editor sin coste para el librero, con lo que el único riesgo son los gastos infraestructurales del espacio físico y la cuota de autónomos. Es una razón puramente económica disfrazada de glamour cultural.

Después pasa como con todas esas franquicias de panaderías y tiendas de jamón, se acaba el dinero del finiquito, y se cierra la librería. Muchas editoriales han nacido de la misma manera, y su duración es de dos a cinco años dependiendo del montante del finiquito y del soporte económico familiar (bueno, muchos ricachos también montan editoriales para darse notoriedad y vivir en la farándula bohemia, pero llega un momento que el dinero se acaba, curiosamente son los que más sacan la cabeza y se autodenominan portavoces de la edición independiente).

En el 2014 escribiste “Cómo detectar rápidamente un timo en la producción de un libro electrónico” ¿Ha mejorado algo la calidad de los libros electrónicos? pintabas un panorama bastante desolador.

Esta respuesta es rápida, no ha mejorado ni un pelo y se confirman los peores augurios. Con el precio/hora aproximado que se consigue con las tarifas de mercado actuales no se puede hacer nada (estamos hablando que en términos de precio/h se cobra aproximadamente una décima parte que la composición en papel, con las últimas bajadas igual una octava parte, va…). Lo único que ahora, unos cuantos profesionales del sector, nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos montado una asociación Asociación Española de Edición Digital: www.ebookspain.org para intentar promover la profesionalidad y a largo término, promover eventos formativos como el que hicimos en febrero en Sevilla (que pagamos de nuestros vacíos bolsillos). Sobre todo lo que intentamos es aportar seriedad al sector, cosa que ha desaparecido por completo.

Vamos con un auténtico llenapistas en los debates editoriales, Amazon. Pero por partes. ¿Qué piensas de las distintas versiones con las que ha ido evolucionando Kindle?

El Kindle es un aparato deficiente diseñado expresamente para que sea así. Cuando abres un libro en un Kindle es imposible diferenciar gráficamente uno bien editado de uno mal editado, con lo que en apariencia un libro autopublicado en su plataforma (un original mandado en Word por el mismo autor o un editor pirata) y uno con toda la cadena de profesionales detrás, cosa que en el papel es bastante evidente, como mínimo para los que somos del sector. Parece una tontería pero no lo es, y eso hace que muchos editores tiren la toalla y traten el libro electrónico como un subproducto al que no hay que prestar la mínima atención.

Eso es un error, claro, pero he oído de todo. Lo que siempre digo: lo que se está vendiendo hoy en día como libro electrónico es el equivalente al original en Word grapado y puesto en la estantería junto a una edición de lujo comentada del Quijote, y que parezcan iguales. Absurdo, pero fíjate que es la cuadratura del círculo de la respuesta a tu tercera pregunta. Sacar dinero de una casi-piratería, en muchas ocasiones de peor calidad que las páginas de descargas, rebajando a la indigencia todo aquel que no tenga músculo financiero y best-sellers. Y de paso quitar intemediarios neutros y molestos y ponerse Amazon en medio. Amazon es el más agresivo de todos, pero Apple, Google y demás hacen más de lo mismo.

¿Y del efecto de Amazon en el tejido editorial? ¿cómo valoras el crecimiento de este gigante?

Es un gigante que juega en otra liga. Es muy curioso cómo lo defienden los liberales-anarcocapitalistas-nosabeniloquesonenverdad españoles cuando rompen todos los pilares del libre mercado. No dudan en perder millones de dólares cada año para hacer un mercado cautivo y un monopolio cada vez mayor. No sé si acabará con éxito o morirá del mismo, pero lo que es verdad es que nadie puede competir. Nadie excepto quien debe: el Estado, que tiene el poder y el deber de regular (incluso en una óptica liberal) e intervenir ante los abusos y la desigualdad de oportunidades, en este caso de negocio. Pero dices cosas así y te llaman de todo menos guapo hasta los commies reconvertidos en verdes ultraliberales (pero cantando La Internacional) que tenemos en este país.

En el tejido editorial el efecto es, siendo sinceros, de catalizador. La crisis del sector no viene con Amazon, si no que Amazon ha acelerado la caída. Si el mismo sector hubiera defendido la profesionalidad del tejido editorial, su propia labor (incluso desde un punto de vista industrial), la lectura, las librerías y, en definitiva, lo que lo define, ahora por mucho Amazon que viniera no tendría que estar justificándose y llorando por las esquinas intentando convencer a los demás que sí, que los editores hay que pagarlos, que lo valen, y que hay que comer, que existen, que por favor les den algo, aunque sean los 99 céntimos que pide por su Word grapado, o que el distribuidor americano se lleve lejos sus libros aunque tenga que pagar por que se los lleve (miedo dan los descuentos que consiguen en
LATAM, parece como que tener los libros lejos les hace olvidarse del problema).

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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