Un Ministerio de Cultura en la sombra: SGAE, propiedad intelectual y CT – II

Venimos de Un Ministerio de Cultura en la sombra: SGAE, propiedad intelectual y CT – I

SGAE, Propiedad Intelectual y Cultura de la Transición

La SGAE fue adquiriendo una fuerza imparable, chocando frontalmemente contra todo y contra todos: mientras emitía apocalíticos anuncios sobre el inminente fin de la industria musical por culpa de la piratería -¡ya a mediados de los 80!-, sostenía varios e impopulares conflictos, lanzando una verdadera avalancha de pleitos por el impago de derechos de autor. Algunos de los conflictos de la SGAE incluyeron a RTVE por atrasos millonarios en pagos de derechos, a las salas de cine por su propia rueda -éstas revendían una y otra vez una misma entrada para pagar menos derechos de autor-, radios privadas, televisiones autonómicas y posteriormente las privadas, grupos de teatro aficionados e, incluso, al Ministerio de Cultura, por el uso de música en el Mundial 82 y luego en la Expo del 92, etc. La SGAE llegó a acuerdos, o bien ganó en los tribunales prácticamente todos los conflictos en los que se embarcó, sin darle demasiada importancia a transmitir de manera razonada su visión de los derechos de autor, o a intentar paliar su mala imagen. Daba igual, cada vez recaudaba más, mejor y en más ámbitos, por lo que en esa época no le preocupaba en la entidad de gestión la incomprensión de su política recaudatoria. Posteriormente se avalaba tanto en el Congreso como en el Senado su polémica reestructuración de 1978, por lo que la entidad comenzó a operar en muchos aspectos como un verdadero Ministerio de Cultura de facto, por presupuesto, influencia y fuerza como lobby.

En paralelo al tremendo crecimiento de la influencia de la SGAE, se propiciaba una implantación de la CT que no fue ni mucho menos invisible: en 1984, Sánchez Ferlosio denunciaba en El País “si éste [Goebbels] dijo aquello de ‘Cada vez que oigo la palabra cultura amartillo la pistola’, los socialistas actúan como si dijeran: ‘En cuanto oigo la palabra cultura extiendo un cheque en blanco al portador’”. Al año siguiente y en el mismo diario, Alfonso Sastre recuperaba la figura de los “silbadores” e insistía en que “(…) hoy por hoy vivimos (…) bajo un reinado de grafómanos, silbadores, microfónistas y analfabetos. Situación en gran parte diseñada, seguramente, en los laboratorios de las transnacionales de la cultura o de la contracultura (que de ambas formas puede decirse). En esos laboratorios ha tenido que dibujarse el mecanismo por el que muchas gentes -y jóvenes a porrillo- creen rebelarse contra el sistema por medio de los actos con los que lo obedecen”.

En los 80 se forma el paradigma cultural democrático, del que la Movida será uno de sus buques insignia. Hay que poner en contexto y cuestionar los consensos respecto a las expresiones (contra)culturales de la época, ya que son pura CT, es decir, pura desarticulación del carácter problemático de la cultura. Todo lo conflictivo en el ámbito cultural terminó antes o después liquidado: recordemos el gran éxito e influencia a nivel estatal de una radio de orientación juvenil y militante como Radio3, creada en la época de la UCD. Radio3 fue paulatinamente desactivada después de 1982, cuando dejó de ser útil al PSOE: primero con la desaparición de sus onomatopéyicos y polémicos informativos, para continuar con la sucesiva caída de todos los programas con criterio y discurso propios, como el mítico Caravana de Hormigas. El PSOE ajustó cuentas con una emisora que colaboró a su victoria electoral, pero que luego se atrevió a cosas como denunciar sin miramientos los excesos y accidentes en la mili, la guerra sucia del GAL, que tomó partido en la campaña antiOTAN y en las primeras huelgas generales al PSOE…

La izquierda pasó de una cultura resistencialista de canción protesta y uso de lenguas vernáculas a propiciar un entramado alrededor del negocio de la música, del que no escapó absolutamente nada. Si nos centramos en el rock, los grupos tenían compañías independientes con el impagable escaparate y altavoz promocional de Radio3, concursos municipales como el Villa de Madrid, un gran circuito de conciertos por los Ayuntamientos con cachés mejorados y, finalmente, el cobro de derechos de autor -vía SGAE- para cuando llegaran las vacas flacas. Como decimos, nada escapó a ese circuito, ni siquiera el combativo punk en su vertiente de Rock Radikal Vasco – RRV: todos y cada uno de los discos de RIP, MCD, Kortatu, La Polla, Eskorbuto, Barricada… están registrados y son del llamado “repertorio SGAE”. El cierre y colofón del RRV es un tanto paradójico: unos años después de su eclosión, la Fundación Autor subvencionaba a fondo perdido a Negu Gorriak su gira por América Latina y se producía el pleito de los herederos de derechos de autor de Eskorbuto a Hilargi Records, por derechos de explotación de sus discos.

En el seno de la SGAE y el entramado de la industria musical sólo hubo una disonancia, y no fue precisamente la (ahora) sonrojante polémica de Las Vulpess en Caja de Ritmos: Loquillo y los Trogloditas tuvieron el dudoso honor de interpretar la primera canción censurada en la democracia. Hablamos de la canción Los Ojos Vendados, tema donde se denunciaba la práctica de torturas por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tiempo después, Loquillo intentó, al igual que Bardem, presentar una lista alternativa a la auspiciada por Teddy Bautista con idéntico resultado: fracaso total en las urnas de la entidad y posterior descrédito mediático. A Loquillo incluso le acusaron de estar al servicio de las multinacionales del disco, acusaciones hechas precisamente por parte del grupo de Teddy Bautista, que sufrió esas mismas acusaciones a finales de los 70.

Capital ficticio

La defensa del escritor, que ocupó a Ángel María de Lera muchos años de su vida, que acaba de extinguirse, tropezó siempre con un obstáculo principal: el escritor mismo y lo que podríamos llamar su naturaleza díscola, insolidaria, individualista. Parte de los estudios y trabajos de Lera sobre este tema (impulsado, sin duda, por sus orígenes de sindicalista junto a la figura excepcional de Ángel Pestaña) van a aparecer recogidos en la ley de Propiedad Intelectual (…). Es de esperar, no obstante, que algunos aspectos de la ley que encarecen la producción de libros clásicos o que rinden excesiva pleitesía al concepto mismo de propiedad intelectual en esta materia desaparezcan durante su tramitación (…). El trabajo del viejo sindicalista Ángel María de Lera iba menos por la cuestión de derechos de propiedad intelectual que por el de derechos sociales (…).
Editorial de El País, 26-07-84

Impresionan los argumentos y la revindicación de la por desgracia hoy olvidada figura de Ángel María de Lera, en un atípica editorial de El País de 1984, alabando a un sindicalista que llegó a estar condenado a muerte y pasó ocho años en cárceles franquistas. Ángel María de Lera fue uno de los fundadores de la Asociación Colegial de Escritores (ACE), colectivo que siempre mantuvo relaciones conflictivas con la SGAE. A diferencia de ésta, la ACE defendió posiciones políticas de izquierda, excepcionales precisamente por chocar frontalmente con el consenso de la CT. La combatividad de la ACE se refleja por ejemplo en 1981, cuando se solidarizó con el periodista Xavier Vinader -acusado de inducción al asesinato, al matar ETA a dos personas que salían en reportajes suyos en Interviú sobre la extrema derecha-, o cuando apoyaba las movilizaciones por “la paz, el desarme y la libertad”.

En cambio, la historia de la SGAE, como sólido pilar de la CT, oscila constantemente entre lo casposo y la alta política. Puede parecer paradójico cómo una organización acusada constantemente de clientelismo y derroche consiguió, renovando periódicamente aspectos más o menos laterales de su funcionamiento, convertirse rápidamente en un lobby arrollador a favor de la propiedad intelectual y, de rebote, en un imprescindible dispositivo de recuperación institucional. Nos dan muchas pistas las declaraciones de Teddy Bautista en 1989, en las antípodas de la figura del combativo Ángel María de Lera: “la SGAE no es un sindicato, sino una entidad administrativa de representación proporcional en la que los votos son como acciones”. La frase es mucho menos gratuita de lo que parece, ya que la SGAE, al retroalimentarse dando capacidad decisoria en sus estructuras sólo a quien tenía “acciones” (ingresos por derechos de autor), determinó en gran medida una escena cultural de carácter dócil, que huye de cualquier cuestionamiento de la CT, y totalmente sometida a los designios de la industria. Una escena cultural que que, salvo en situaciones desbordantes y excepcionales como el “No a la Guerra”, obvia cualquier tipo de conflicto.

César Rendueles planteaba en su imprescindible “Copiar, robar, mandar” cómo la industria cultural ha compartido con la especulación financiera (e inmobiliaria) rasgos de lo que la tradición marxista ha llamado “capital ficticio”. La legitimidad de ese capital ficticio se basa, según esa tradición, en las expectativas de ser validado por futuras actividades productivas. Al igual que el alza artificial de los precios de la vivienda se ha traducido, por la especulación, en una situación dramática por las ahora inasumibles hipotecas, la especulación cultural genera durante la CT enormes cantidades de dinero. Esto es gracias a que la sociedad asumió que mercados como el de la industria del disco comercializara CDs al 300% de su precio real. Toda esa enorme cantidad de dinero en royalties y derechos de autor consolidaron un modelo, en el que la SGAE pudo comportarse como un verdadero Ministerio de Cultura en la sombra. La SGAE ha fomentado un único modelo cultural y de propiedad intelectual, modelo que estalla en la actualidad al igual que la burbuja inmobiliaria. Internet y la decisión de sus usuarios de compartir masivamente contenidos hizo una parte del trabajo; la rueda particular (¿recuerdan 1978?) de Teddy Bautista y su entramado societario, y el próximo fin del pago indiscriminado del canon digital ha hecho el resto.

Parece mentira cómo al cabo de los años, una de las máximas exponentes de la CT, como lo es Alaska, fue de las primeras en hacer chirriar la maquinaria especulativa de la industria musical y de la SGAE: Olvido Gara hizo en el 2003 unas declaraciones hablando de la piratería3, denunciado que “los precios [de los CDs] se podrían bajar y todo el mundo seguiría ganando dinero” y que “como artista y autora, soy la menos perjudicada [por la piratería], ya que las ganancias de un músico por disco vendido rondan el euro por ejemplar”, además de “no entender ni soportar el discurso policial de la SGAE”. La inquebrantable popularidad de Alaska impidió su condena al ostracismo, pero se llegó a plantear incluso un veto a la venta de sus discos en tiendas como Madrid Rock. Una vez desactivada la cultura, el tardío conflicto de Alaska refleja como la industria y las entidades de gestión exigían que nadie cuestionara su modelo y sus siempre boyantes beneficios, después de haber ayudado a hacer el trabajo sucio al Estado.

Puede parecer poco emocionante o poco esclarecedora la conclusión de que fue el dinero lo que contribuyó de manera determinante a desactivar la cultura resistencialista y/o de izquierda, en ámbitos tan diversos como la música, el teatro, el cine… pero es que la SGAE históricamente ha manejado el equivalente a un tercio del presupuesto de los sucesivos Ministerios de Cultura. Y gestionó ese dinero muy bien, en favor de intereses corporativos e institucionales siempre convergentes. La SGAE asumió el papel de poli malo en la recaudación de derechos de autor, mientras mantenía adormecida y contenta a una selecta casta de autores al proporcionarles elevados ingresos, mientras en paralelo realizaba en la instituciones su trabajo de lobby. Su trabajo en la sombra fue exitoso, y consiguió el objetivo de implantar y sostener un modelo concreto de propiedad intelectual y derechos de autor, de corte especulativo y no centrado en la protección y derechos sociales para la mayoría de los autores, cosa que facilitó la cultura que precisamente le interesaba más a la CT: un cultura post-franquista -pafraseando a Kiko Amat- servil, elitista, estéril y clientelar.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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2 respuestas a Un Ministerio de Cultura en la sombra: SGAE, propiedad intelectual y CT – II

  1. xlayer99 dijo:

    Todo,absolutamente todo,incluyendo las estructuras sociales y “economicas”(pues la economía real son las condiciones de vida,no la de números que se crean de la nada,que no tienen valor real y que además son infinitos,por lo cual no deberían estar determinadas nuestras vidas por esto)esta corrompido,ya por propio funcionamiento….

    Ya por sus mismas bases(ya explique porque,en más de una ocasión…..),y por los valores y principios que se defienden….

    Deseo y defiendo que el pueblo pueda ser independiente y libre de verdad,que toda la humanidad pueda ser libre,ante cualquier estructura de poder y ante cualquier autoridad,caminemos,luchemos y trabajemos juntos,no nos declaremos la guerra,pues no somos enemigos/competencia/mercancía/maquinas,nunca lo hemos sido,todo forma parte de esta gran farsa,de esta gran mentira,que se sustenta en muchas otras…..

    Defiendo un levantamiento general,que luchemos para acabar de verdad con todo este sistema,y para recuperarlo todo…..

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  2. xlayer99 dijo:

    Y es que toda estructura de poder siempre acaba perpetuandose…..

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