Ponencia en la Jornada “Retos Digitales”. Algunos desafíos en el campo de la gestión actual de los derechos de Propiedad Intelectual desde el punto de vista del creador.

Si no existiera Ainara LeGardon habría que inventarla:

[…] Mientras escribo estas palabras, me vienen a la memoria las de H.D. Thoreau, que en una carta fechada en 1853 se disculpaba por no haber podido responder antes a su interlocutor, ya que sus jornadas de trabajo realizando mediciones topográficas no le dejaban tiempo para otros asuntos. En esa época Thoreau tuvo que prescindir de dar conferencias y se vio obligado a aceptar trabajos “beneficiosos desde un punto de vista pecuniario, aunque poco beneficiosos desde otros puntos de vista más importantes”, porque apenas le llegaba para costearse el libro que había mandado a imprenta. Me parece interesante destacar la entrada en su diario del 28 de octubre de 1853:

“Durante uno o dos años, mi editor, así llamado erróneamente, me ha escrito de vez en cuando para preguntarme qué debía hacer con los ejemplares de “Una semana a la orilla del Concord y del Merrimack” que quedan, y finalmente me ha indicado que necesitaba el espacio que ocupaban en su sótano. Así que le pedí que me enviara todos aquí y han llegado hoy, por correo urgente: 706 ejemplares de una edición de 1000 que compré a Munroe hace cuatro años, y que sigo pagando. […] De los restantes doscientos noventa y pico ejemplares, se regalaron 75 y el resto se vendieron. Ahora tengo una biblioteca de más de novecientos libros, de los cuales setecientos y pico han sido escritos por mí. ¿No es correcto que el autor reciba los frutos de su trabajo? Mis obras están apiladas a un lado de la habitación en un montón que me llega casi a la cabeza: mi “opera omnia”. Eso es autoría; ésas son la obra de mi cerebro. […] Ahora puedo ver para qué he escrito, el resultado de mis esfuerzos. Sin embargo, y a pesar de este resultado, me siento junto a la masa inerte de mis obras y cojo la pluma para anotar los pensamientos o experiencias que haya tenido con la misma satisfacción de siempre”.

Siguiendo con la disquisición, en el blog (5) que ha habilitado la organización de esta jornada, se puede acceder a una entrevista con Enrique Gómez Piñeiro, actual Director General de SGAE, en la que recalca que “la afirmación tantas veces escuchada de que el derecho de autor es el salario del creador no es ninguna frase vacía o exagerada. Es la pura realidad. Los autores perciben la mayor parte de sus ingresos a través de las cesiones o licencias que hacen de sus derechos de autor. […] Los músicos, por ejemplo, viven de los derechos de comunicación pública, que se generan cuando sus obras suenan en la televisión, en la radio, en Internet o cuando dan un concierto.”

Lamento estar en desacuerdo. La mayoría de los autores no vive de los derechos de autor. Según las cifras que muestra la propia entidad (datos de noviembre del 2011, publicados en su página web) (6), el 42,41 % de los socios no ha generado nunca derechos de autor, y el 46,44 % de los socios cuyo repertorio ha producido derechos alguna vez no alcanza el salario mínimo interprofesional en los últimos cuatro años.

(Al margen de “Los conciertos de Radio 3” no recuerdo ya el último programa de televisión en el que se daba cabida a música de autores independientes. Sí recuerdo, sin embargo, las noticias denunciando las prácticas poco éticas por parte de unos algunos autores y unas pocas editoriales que se reparten el negocio de la música en programas nocturnos).

La entrevista con Piñeiro prosigue: “Sin derechos de autor no hay remuneración para el creador y sin remuneración no hay creación”.

No sé de qué tipo de autores habla, pero decididamente no de los que yo conozco. No vivimos de los derechos de autor, pero afortunadamente ese hecho no nos va a frenar.

Sin embargo los autores necesitamos que alguien esté de nuestro lado y nos acompañe en nuestra lucha diaria:

Que se realice una gestión eficaz de los derechos y que éstos lleguen a los legítimos titulares;

Que se aproveche la innovación tecnológica existente hoy en día para destinarla a un eficiente reconocimiento e identificación de las obras, abandonando el sistema de sondeos;

Que se mire a Europa y se tome el ejemplo de otros países, como Holanda, cuya entidad de gestión BUMA/STEMRA fue la primera en adoptar un proyecto piloto en colaboración con Creative Commons (2007) (7) y en alcanzar los estándares de calidad de la European Contact Centre Standard por su transparencia, eficiencia y calidad de los servicios ofrecidos (2014) (8);

Que se otorgue un mayor poder de representación a los socios, ampliando el número de los miembros con derecho a voto;

Que se trabaje por la transparencia y por erradicar las prácticas poco éticas, aunque legales, cuyas denuncias estamos tristemente acostumbrados a leer en los noticieros (9);

Que se flexibilice nuestro modelo de gestión para que a él puedan acceder los autores libres (10), y, en todo caso, que se replantee la gestión colectiva obligatoria que marca la ley, y que se tenga en cuenta el derecho del autor a decidir si quiere o no proteger su obra, en aras de un servicio justo para todos.

Éstos, en mi opinión, son los verdaderos retos en el campo de la gestión actual de los derechos de Propiedad Intelectual. Los desafíos que nos pueden ayudar a lograr esa profesionalización de la que algunos hablan, permitiéndonos seguir desempeñando nuestro amado trabajo en las mejores condiciones posibles, para lograr el objetivo de cualquier proceso creativo: alimentar, emocionar e inspirar.

Irun, 21 de enero del 2015.

www.ainaralegardon.com

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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