Para desmontar los mitos sobre el dominio público

¿Si de repente todos los productos culturales pasaran a dominio público que sucedería? ¿notaríamos cambios significativos en la cultura? ¿o simplemente habría una avalancha de los productos más mainstream en ediciones y formas de acceso más económicas?

¿El dominio público se autorregula? ¿de qué manera, con un mecanismo similar a la Mano Invisible de Adam Smith de la que hablan los liberales o a través de otros procesos? ¿es el dominio público en realidad una (otra) utopía neoliberal?

Para comenzar este debate proponemos dos textos, de los que reflejamos un pequeño fragmento.

En el primero aparecen autores ya ineludibles en los debates sobre los commons, Garret Hardin y Elinor Ostrom. The Romance of Public Domain refleja algo obvio pero que se suele pasar por alto: que no todo el mundo tiene la misma capacidad para acceder a los commons, y que para ello la pobreza es una barrera determinante. Además, se alerta sobre las visiones románticas, generalizadas, que hay sobre el dominio público. Por desgracia, mezcla en el análisis propiedad intelectual e industrial, una práctica muy común que sigue enturbiando los debates:

Some will suggest that the asymmetric exploitation of the public domain is not a problem of the commons, but rather, just another unhappy consequence of poverty. To be sure, poverty affects the ability of individuals to exploit property, intellectual property, and every other legal entitlement. The unequal tilt in the public domain’s exploitation follows naturally from the dynamics of production and commerce in a world characterized by deep inequality. Still, to the extent that law affirmatively creates or preserves a public domain, it is appropriate to ask who this public domain will likely serve. The banner of the public domain is taken up in all of our names, but this proves ultimately romantic.

The Romance of the Public Domain

El segundo texto es interesantísimo a pesar de la borrosa alusión a una supuesta  “democracia semiótica” que (parece ser) es una reivindicación central en determinados autores a favor del dominio público. Pero lo más relevante del texto son otros dos puntos: cómo se rebaten las tesis de textos como Criminales del copyright y cómo se resalta la evidente relación de la llamada cultura libre con el liberalismo, aunque ésta use una retórica radical:

Intellectual property theorists overstate individual autonomy with respect to acts of cultural appropriation, but understate the autonomy of the individual in the face of intellectual property law. This apparent inconsistency may be reconciled in light of liberal-individualist belief that the state poses a special threat to liberty and that non-state actors have only limited ability to do so. So although they identify the concentrated culture industry as a threat to semiotic democracy, they believe this imbalance is the product of legal doctrine (i.e., copyright law) repressing the individual. Thus they believe it can be corrected by formally equal legal entitlements and free markets. Despite its appropriation of radical terminology, the “free culture” project is, in fact, a fundamentally liberalcapitalist one.

Remix Without Romance

BOLA EXTRA: una reseña de Sara Bannerman sobre cuatro libros relacionados con el dominio público, The Ins and Outs of the Public Domain 

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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