Entrevista a Ismael Serrano

Fragmento de una interesante entrevista a Ismael Serrano en Eldiario.es.

Entre las descargas y el IVA, los músicos estáis jodidos.

Sí, estamos jodidos y lo peor es que no sé si nos damos por aludidos. Es verdad que están cambiando muchas cosas, pero también está el IVA, la crisis, el hecho de que están desapareciendo espacios públicos, de que las instituciones ya no invierten en esto. Me sorprende que no veamos a los músicos. ¿Dónde están? Los tics y vicios hiperindividualistas de esta sociedad se exacerban en el músico, que es incapaz no ya de mostrar solidaridad y juntarse, sino de hacerse eco de lo que ocurre. Me sorprende que no se sientan aludidos a la hora de crear, porque si en ese diálogo contigo mismo del que hablábamos no aparece la crisis o el drama que se vive creo que hay un problema de comunicación.

Convengamos que cada cual escribe de lo que quiere. Hablo de la posibilidad que tenemos de acceder a un medio de comunicación. Te das cuenta de que el mundo musical es bastante reaccionario. Me compré el otro día un libro que se llama Indie, Hipsters y Gafapastas, de Víctor Lenore. Lo que viene a decir es que todo ese movimiento indie de crítica musical, pretendidamente cool, moderno, con esa anglofilia que desprecia otro tipo de música, es fundamentalmente un movimiento reaccionario que va de la mano de la industria musical. Lo que hacen es generar esa sensación de élite cuando no es más que un hábito de consumo más allá de lo cultural. Sobre todo desde el punto de vista moral y político, es reaccionario porque rechaza todo lo que tenga visos de ser comprometido. El término indie es relativo; los festivales de música indie están amparados por las grandes marcas. No digo que esté mal o bien porque al final nos empujan al mecenazgo y el mecenazgo no es otra cosa que entregarse a las marcas.

¿Se puede vivir de los conciertos? Porque la venta de discos está mal.

Se te niega la posibilidad de hacer una reflexión e invitar a hacer una reflexión en torno a qué modelo de negocio puede ser mejor para la música. Que desaparezca el tejido industrial es malo, otra cosa es que hablemos del modelo industrial y de a quién deben pertenecer los medios de producción, si quieres hablamos hasta de marxismo-leninismo.

Esas diatribas en contra de la industria son injustificables. Hasta qué punto responden a intereses corporativos de otra índole. No nos cuestionamos lo que está pasando en internet. Hablo sobre todo de la creación artística. Hablamos de la neutralidad en la Red y no cuestionamos el hecho de que un buscador esté en una posición hegemónica, en el que si no apareces no existes. Es como el debate de la tasa Google, un debate permanentemente contaminado por el hecho de que hay un buscador hegemónico. Si no lo hubiera, sería otro el debate. “No hay que pagar tasas, el que no quiera que no esté en Google”, dicen. No, es que no hay otro. Existen algunos modelos minoritarios. Hay un ciberfetichismo que no sé hasta qué punto está afectando a nuestra forma de conectarnos con la música. Hasta qué punto Twitter no hace que perdamos matices a la hora de expresarnos. Estamos perdiendo ciertas expresiones musicales o artísticas.

¿Cómo se financia hoy un músico? Algunos han empezado a regalar discos en YouTube.

Vivimos de los directos. No sé qué va a hacer un escritor cuando se imponga leer en las tabletas porque ellos no van a poder vivir del directo. También se nos dice que tenemos que entregarnos al mecenazgo. Me parece más independiente que exista una industria que te permita vender tus discos al consumidor que quiera escucharlo. Gana en independencia el artista a través de esa relación. Si te gusta lo compras y si no, no. Es difícil y es un debate.

No quiero comparar porque la precarización es una cosa y el debate sobre el modelo musical quizá sea otro, pero el otro día alguien decía en Twitter: propongo que el trabajador se ofrezca a trabajar gratis, el empresario verá que tiene una gran vocación de trabajo y de entrega y seguro que le acaba contratando. Y la gente se le echaba encima diciendo que por qué cojones va a trabajar gratis, que era algo indignante. Entonces, ¿por qué el disco tiene que ser gratis? No solo trabaja el músico, el autor, no es una cuestión de derechos de autores, hablamos del trabajo de los técnicos, del que diseña la portada… ¿El artista tiene que asumir ese coste como una inversión?

Supongo que el modelo nos está empujando a eso, pero también habría que debatir por qué. Puede ser que exista un tío que no toca en directo, que experimenta en el estudio. ¿Qué hacemos con él? No puede dedicarse profesionalmente a eso. Habrá gente que dirá que el modelo cambia y que hay profesiones que desaparecen como el vendedor de hielo pero no creo que sea comparable. El autor de canciones no puede quedar obsoleto. Me preocuparía si eso ocurriera.

Nietzsche dijo que la vida sin música sería un error.


Claro, es que no puede ser de otra forma. La movida es que en torno a esto no se da un debate sosegado, hay crispación. Es como el cuestionamiento de los derechos de autor, que me parece legítimo que se establezca y me parece bien que haya quien abogue por la desaparición de los derechos de autor. Está bien que la toma del Palacio de Invierno comience por quitarle las canciones a los músicos. Hubiera preferido que fuéramos a lo mejor a por los terrenos de la duquesa de Alba.

Los derechos de autor nacen con la Revolución Francesa. La Declaración de Derechos Humanos dice que toda persona tiene que tener derecho a acceder a la cultura, a las expresiones artísticas y que el artista tiene derecho a verse remunerado por su trabajo. Los derechos de autor sirven para defender a los artistas frente a las imprentas que por aquel entonces pagaban una mierda al autor y se hacían con todos los derechos, o para pagar al artista que vendía la ópera al teatro y el autor no percibía nada de los ingresos. Entender que los derechos de autor son un privilegio… debatámoslo, explicadme por qué. La cultura libre. Dicen que internet favorece que muchas bandas hagan música y la gente pueda acceder y descargarla. Entonces por qué en toda página de descargas, ya sea la reconocida legalmente o las otras, por qué siempre las descargas más populares son las que marca la gran industria. Las películas más bajadas no son las del autor más independiente que el autor ha colgado. No. Es Avatar. El mainstream también domina ese tipo de plataformas. No está funcionando para promover otro tipo de sensibilidades musicales y artísticas. Y no debatimos por qué no está sirviendo internet como caldo de cultivo para otro tipo de expresiones artísticas.

¿Funciona iTunes o no es significativo?

¿En ventas?

Sí.

Hoy por hoy está ganando cada vez más peso. Pero no es significativo con respecto a la venta física. Es muy difícil porque las plataformas de pago no pueden competir con lo gratuito. Ningún precio es competitivo.

Después está el IVA. Leí una entrevista a Miguel Ríos en la que decía que los músicos tienen el mismo IVA que un Porsche.

Es la insensibilidad del Gobierno hacia un grupo de trabajadores al que consideran un enemigo al que hay que abatir. Evidentemente, en la cultura, el IVA no puede responder a fines recaudatorios porque está demostrado que lo que está provocando es la desaparición del tejido industrial. Hay teatros, cines que están cerrando. Es declararle la guerra a un sector que les parece molesto. Y además lo dijo en el Parlamento, llegó a decir “vamos a por vosotros”. Y lo están haciendo. Están yendo a por nosotros, nos están vigilando. Ni siquiera hacen esa reflexión de que la cultura potencia nuestra capacidad crítica, que creo que es verdad, que nos ayuda a hacer reflexiones y análisis en profundidad. Es una insensibilidad cateta, por así decirlo.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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