Sigue el debate en torno a la muerte de la cultura libre: sostenibilidad

Extractos de Estar en redes o construir en red: cultura libre e instituciones públicas de Rubén Caravaca, un texto muy valiente y lúcido.

En la Universidad Popular Campus de Cebada celebrada por segundo año consecutivo el pasado mes de junio, organizada por el Colectivo C4C (cultura, ciencia, cooperación y comunicación) con el apoyo de la Asamblea Popular de Austrias – 15M en El Campo de Cebada (un espacio vecinal madrileño autogestionado por vecinas y vecinos), David García Aristegui miembro de la Asociación Cultura Libre levantó una buena polémica al afirmar que la Cultura Libre estaba muerta y que había que volver a los sindicatos, apelando a la lucha de clases. Aunque sabemos que este discurso es provocativo y suscita críticas y desencuentros, lo tomamos en cuenta porque pone en el centro la indispensable sostenibilidad económica de muchas personas dedicadas a la producción y gestión cultural al borde de tener que abandonar sus actividades por la imposibilidad de hacer compatible un trabajo cultural fuera de las estrictas lógicas del mercado con una supervivencia económica básica. […]

Proyectos basados en licencias libres y códigos abiertos suelen prosperar en determinados espacios públicos con la complicidad de algunos responsables que suelen apoyarse “en más de lo mismo”, en colegas y amigos y en los mejores vendedores de productos. Pocas opciones hay para otras iniciativas. Es preciso mirar la realidad y ver la evolución, no solo cronológica, de los últimos años. La transparencia escasea (mucha teoría y muchas más contradicciones) donde el tema de género suele ser un tabú, con bastantes similitudes con las prácticas de las grandes industrias culturales y del entretenimiento. En el mes de marzo el ya mencionado colectivo C4C manifestó muchas dudas sobre la cultura libre en Madrid, calificándola como “moda”, como lo fue en su momento la movida madrileña (*)

En algunos casos, proyectos acerca del ‘procomún’, están tejidos dentro de instituciones públicas dependientes de la derecha más reaccionaria, que solo apoya aquello que le interesa desde el punto de vista de imagen. Parte de la promoción de estos proyectos de participación ciudadana y autogestión lavan la cara de estas instituciones y sirven para la justificación de recortes en equipamientos, mediación e infraestructuras culturales para la mayoría de la población. En ocasiones, hablamos de iniciativas que no tienen inconveniente en apostar por alianzas con grandes empresas transnacionales y corporaciones muy alejadas de cualquier planteamiento libre, igualitario, democrático. Desde un planteamiento muy personal, algunas pensamos que no todo vale.

Partiendo de lo anterior, con todos los matices, críticas y dudas susceptibles de ser planteadas, la sensación de que muchas propuestas próximas, consciente o inconscientemente, también están atrapadas en una tela de araña que busca mantener el status actual de sistema, sin ningún espíritu transformador, apoyando lo commons como parte de una moda. Algo tienen que ver con lo que se comentaba hace dos décadas en la revista La Luna -emblemática publicación cultural madrileña-: “el modernismo ha sido la iniciación creativa, el posmodernismo es simplemente ganar dinero con ello”. […]

(*) http://www.lamarea.com/2014/02/28/la-nueva-movida-madrilena-o-como-hacer-de-lo-comun-una-baza-politica

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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