Netlabels: El fin de una era

Sacado del blog de Antònia Folguera

Dicen que el netlabel X cierra, dos meses después lo hace Y, Z tiró la toalla hace años, N decide reconvertirse en un sello tradicional y sacar discos (o cassettes) total, al álbum físico aún se le da más valor que a un conjunto de bits.

¿Qué está pasando con los netlabels? ¿Qué queda de lo que fue un auténtico fenómeno hace menos de 10 años? En 2003 era fácil tener identificados el 90% de los sellos, se trataba de un fenómeno muy comunitario en el que simplemente siguiendo la sección de links de cada web, se abría un mundo de descubrimiento musical enorme. En 2005 el número de netlabels és tan grande que es difícil seguir el hilo, en 2007 muchos de los sellos más activos dan signos de cansancio, sus “releases” se espacian, hasta silenciarse del todo, otros, siguen a toda máquina.

Han pasado muchas cosas:

Primero: los netlabels cierran por razones personales: Pérdida de interés, falta de tiempo, poca atención por parte del público, que se traduce en desilusión…cada uno tiene las suyas.

Otra razón para echar el cierre (y es quizás la más importante) la falta de rentabilidad económica: Si distribuir la música de manera gratuita no se traduce en oportunidades de tocar en directo, o dar salida comercial a la música de algún modo, acaba por quemar a la persona responsable del sello, que probablemente decida invertir su tiempo y dinero en otros hobbies.

Para compensar esta falta de rentabilidad, hay quien decide aplicar una tarifa por descarga y poner su música en tiendas digitales como iTunes, Beatport, Amazon… o por otra parte publicar vinilos, cds cassettes, cuidando al máximo la edición, para que el objeto músical resulte atractivo al público, haciendo que valga la pena invertir 10, 12, 15 …euros en ello, convirtiendo el netlabel en un sello discográfico tradicional, especializado en el género de música que le hace popular entre sus seguidores.

El netaudio como concepto, y como comunidad queda reducido a un núcleo de activistas comprometidos en facilitar que haya música libre, editada con licencias libres (Copyleft, Creative Commons) que se distribuya de manera gratuita para que forme parte desde un primer momento del capital cultural colectivo, aunque a veces da la sensación que a muchos de estos activistas les interesa más la filosofía que la música ( ¡al tanto! he dicho “a veces” 🙂 )

La música publicada únicamente en formato digital, ya no es excepcional como en 2003, es la norma, el consumo de música directamente en el ordenador o en todo tipo de dispositivos que soporten archivos de audio, así como la pérdida de valor del CD (si puedes comprar un CDr por poco más de un euro, ¿para que vas a pagar 15 por el álbum oficial de nadie? ) hacen que gran cantidad de música se publique únicamente en digital.

Tanto artistas como sellos no son reticentes a “regalar” tracks de vez en cuando: de remezclas, inéditos, mixtapes e incluso àlbumes enteros a sus fans, lo hacen a través de sus webs, redes sociales o como exclusivas a través de blogs y revistas online especializados en música.

Publicar música en formato digital y de manera gratuita no ha impedido que algunos artistas hayan llegado a convertirse en auténticas estrellas, solo hace falta echarle un vistazo a Frank Ocean, The Weeknd, Death Grips y Clams Casino entre otros. Por primera vez las publicaciones especializadas en música no los han relegado al nicho de los netlabels, tal vez porque se han abierto camino sin la ayuda de un sello discográfico (no voy a ponerme a analizar y hacer conjeturas de cómo estos artistas se han colocado aparentemente sin más recursos que internet y su talento en el punto de mira de todos).

Plataformas como Soundcloud y Bandcamp que proporcionan de manera gratuita las herramientas necesarias para distribuir música, y le dan la libertad al artista o sello de cargar una tarifa por cada descarga o ofrecer su música gratuitamente, también están favoreciendo a la progresiva desaparición de los netlabels tal y como los conocíamos. La red rebosa de música fantástica que se puede descargar libremente.

En resumen: Editar únicamente en formato digital a día de hoy no tiene nada de extraordinario, ofrecer música de manera gratuita, tampoco, lo que hace que los netlabels tengan el mismo sentido que cualquier otro sello discográfico: dar salida a la música que apasiona a sus responsables, tanto que invierten en esta labor tiempo, esfuerzo y la mayoría de las veces, dinero, que no es poco. ¡Larga vida a los netlabels que quedan en pie!

*Edito para añadir un par de artículos interesantes que Edu Comelles de Audiotalaia ha compartido en la conversación sobre netlabels en mi muro de Facebook. Son mas que interesantes: El primero es de Disquiet y ofrece consejos muy valiosos para quien quiere aventurarse a gestionar un netlabel. El otro es de David Nemeth, hace enfasis en el comisariado musical ejercido por el netlabel. Finalmente un pdf, que és una guía muy completa creada por el netlabel Addsensor, es una especie de “netlabels 101”

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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