Ainara LeGardon y la autogestión musical

Más información sobre Ainara LeGardon en su web o FB donde se detalla los próximos cursos que impartirá.

Música con sello propio

La autogestión musical es posible… si se sabe cómo. La artista bilbaina Ainara LeGardon comparte su experiencia y conocimientos en esta materia con unos prácticos talleres en los que este año han participado más de 200 alumnos.

La (auto)gestión musical es dificultosa, pero es mucho más complicado que te tomen el pelo”, asevera Ainara LeGardon (Bilbao, 1976), quien con más de veinte años dedicados a la creación, gestión y promoción de la música, sabe de lo que habla. Condensa su experiencia en los talleres de autogestión musical que imparte y en los que, sólo este año, han participado más de 200 alumnos. Desde nociones sobre Propiedad Intelectual o el entramado de las entidades de gestión de derechos, hasta consejos prácticos como en qué soporte editar una obra musical o cuáles son las tarifas de Correos más beneficiosas para enviar discos, la compositora bilbaina considera que realiza “una labor social”: “A veces los artistas dejamos de lado gestiones legales y es muy importante, se trata de mantener el control sobre tu propia obra”, advierte. Con sus talleres busca que los alumnos “piensen la música”, que reflexionen sobre su carrera con la mayor información posible. “No quiero que tomen decisiones inconscientes como hice yo, pues fruto de la pura desinformación perdí el control sobre ciertos aspectos de mi obra”, desvela.

“El camino que tomamos es tan importante como la meta en sí, dice mucho de nosotros y de nuestras creaciones”, sostiene. Su periplo por el “pantanoso” terreno de la gestión musical ha sido largo y no ha estado exento de obstáculos, pero también ha sido fructífero. A los 18 años firmó su primer contrato discográfico, “sin saber muy bien en qué términos lo hacía”, reconoce. “En esta industria parece que el lema es cuanto menos sepan los artistas, mejor; prima la desinformación y lo primero que hay que tener claro es que la discográfica no está para hacerle un favor al artista, ya que ambas partes se benefician mutuamente”, puntualiza.

Compromiso vital En 2003 creó su propio sello, Winslow Lab, bajo el que ha editado sus cuatro discos en solitario –In the mirror (2003); Each day a lie (2005); Forgive me if I don’t come home to sleep tonight (2009) y We once wished (2011)-. Este último lo ha coeditado junto con Aloud Music. “No todas las discográficas son despiadadas -aclara-, sin la ayuda de Aloud Music, por ejemplo, no habría podido editar en vinilo mi trabajo anterior”. Se refiere al álbum We once wished en pasado porque este mes de octubre verá la luz su quinto trabajo en solitario, Every minute. Compagina su carrera musical -en solitario y en otros colectivos de los que forma parte- con su labor docente, para la que continúa formándose (en septiembre presentará su proyecto final de Propiedad Intelectual). “Dedico mi vida a la música y lo hago con mucho gusto, es un compromiso vital”.

Estudiosa de la Propiedad Intelectual, se muestra escéptica con la recién aprobada reforma legislativa en este ámbito. “Sigue sin dar respuesta a muchos problemas, carece de consenso y en muchos aspectos es contraria a algunas directivas europeas”, resume. Cita como ejemplo “el mal llamado canon digital”, esto es, la compensación por copia privada. “En la actualidad se hace con cargo a los presupuestos generales y lo paga todo contribuyente, haga uso o no de discos duros y otros dispositivos. Esto contradice la normativa europea, y aunque se apruebe la reforma, no creo que esté mucho tiempo vigente”, comenta. Si bien admite que el texto aprobado la semana pasada en el Congreso -con el único apoyo del PP- da “un pequeño paso” hacia una mayor atención a las entidades de gestión, LeGardon considera que se precisa un mayor control. Socia de la SGAE desde hace muchos años, es “muy crítica” con el funcionamiento de esta sociedad, “que deja mucho que desear a nivel ético y práctico”. Propone crear una entidad alternativa que acepte la inclusión de licencias libres, como ha ocurrido en Alemania. “Eso sí, lo han conseguido después de ocho años de lucha”, apunta. Otros países como Holanda y Francia permiten la adhesión de autores con licencia Creative Commons (no comercial) a sus entidades gestoras, algo que la SGAE deniega en la actualidad. “Es la única entidad estatal con potestad para la gestión colectiva obligatoria; por tanto, si uno no es socio de la SGAE, habrá una parte de sus derechos que esta sociedad recaudará en su nombre y que jamás podrá recuperar”, explica.

Alumnos y amigos LeGardon aclara que sus cursos no se reducen a clases magistrales, pues los alumnos interactúan en todo momento para comentarle sus dudas y problemas. De hecho, este año ha instaurado el Nivel II de Autogestión musical, dirigido en exclusiva a resolver las cuestiones prácticas de antiguos alumnos. Cuenta que tiene una balda con los discos que han producido éstos, que contempla con “mucho orgullo”. Muchos de ellos se convierten en amigos con quienes comparte el arduo camino de su profesión. “Los aplausos tras algunos talleres saben mejor que los de muchos conciertos”, se congratula.

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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