Nunca más un mantero en prisión: la cláusula mantera

Recuperamos este interesantísimo reportaje de Jose Durán Rodríguez, que dio a conocer la cláusula mantera ideada por Camila Monasterio: Una cantante se rebela contra la SGAE y a favor de los manteros.

“Se permite el uso comercial y venta de la obra a todas las personas que venden en su manta”.

Esa es la cláusula mantera que autoriza a los manteros a copiarlo y venderlo.

La insólita leyenda está incluida en la licencia del primer disco de Camila, una autora que con esta iniciativa pionera quiere subrayar “la desproporción del castigo” a quienes venden en la calle copias de originales sujetos a las leyes de propiedad intelectual.

Hasta ahora, y desde 2010, esta actividad se considera falta cuando es por debajo de 400 euros, castigada con multas y localización permanente. La reforma del Código Penal planteada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, hace desaparecer las faltas, con lo que la venta en la manta pasaría a ser delito, penado hasta con prisión.

Ante eso, Camila autoriza que su obra, sus canciones, sea vendida libremente en la calle “sin necesidad de consultarme y sin que pueda recaer ninguna consecuencia negativa sobre los manteros por cometer un delito (o falta) contra la propiedad intelectual”, explica.

Para ello partió de la idea de utilizar las licencias libres Creative Commons, en concreto una que permite copiar, interpretar, reproducir, transformar y distribuir libremente, siempre que se cite la autoría de la música, se mantenga esa misma licencia y no se utilice con fines comerciales.

Ahí encontró un escollo ya que ella pretendía dar vía libre a los manteros para obtener un beneficio por la venta del disco en la calle. Vueltas y vueltas hasta encontrar la fórmula: la ‘cláusula mantera’, que conjuga sus dos objetivos: “Quería tener control sobre el uso comercial de mi obra, pero no quería perjudicar a los manteros”.

Con las manos vacías

Djeumbe es una de las personas que podría beneficiarse de esta cláusula. Es de Senegal y lleva viviendo en Madrid algo más de siete años, “casi todos vendiendo en la manta”, asegura.

En un día bueno, reconoce, antes podía sacar un jornal “de unos cincuenta pavos, pero la crisis se nota muchísimo y ahora todos los días son malos. La mayoría vuelvo a casa con las manos vacías”. Djeumbe cuenta que ha tenido muchos encontronazos con la Policía: “Te quitan todo el material, van a por ti, aunque antes era más grave”. Le gustaría tener un “trabajo digno”. Dice que sería bueno que más músicos hiciesen lo que ha hecho Camila. “La ‘cláusula mantera’ nos puede ayudar mucho”, afirma.

Musical y político

“Ella ha dado un paso importantísimo, que es desmarcarse explícitamente del entramado industria-entidades de gestión, que tiene un poder enorme en el Estado español, y cuya influencia se plasma en las sucesivas reformas de las leyes de propiedad intelectual”, evalúa David García Aristegui, socio de SGAE y experto en derechos de autor, quien ayudó a Camila en la confección de la cláusula.

No oculta su entusiasmo por la iniciativa, que considera “histórica” y a la que analiza, al igual que a las licencias libres, “no tanto por su validez legal como por los debates y nuevos modelos de difusión comercial que posibilitan”. Camila, que ha vivido diversas experiencias previas en proyectos musicales relacionados con los sonidos jamaicanos, apunta a la relevancia de los gestos cotidianos como motor.

“Quería que tuviera un significado para mí y para la forma en la que debería funcionar el mundo. También quería hacer visible la cotidianidad de quien sólo sobrevive y se ve acosado policial, burocrática y judicialmente. Además en este momento, en el que se nos estafa a la ciudadanía, se nos recorta y roba muchos derechos que creíamos conquistados. Para mí ha sido liberador que este pequeño gesto me haya permitido expresarme en sintonía con lo que me rodea. Igual que lo personal, lo musical también es político”.

“Ojalá muchos más artistas tuvieran la misma empatía y compromiso que ha demostrado Camila. Me ha hecho recobrar la fe en el rock en sentido amplio y la música como otro instrumento de transformación social, más allá de las letras panfletarias y con exceso de testosterona de cosas como Chikos del Maíz, por ejemplo”, valora Aristegui.

Magnates contra manta

Sin embargo, aparte de lo simbólico, la aparición de la ‘cláusula mantera’ podría dibujar un nuevo horizonte para la difusión musical y para quienes viven de vender en la calle. ¿Qué ocurriría si esta licencia se generalizase? “Que no habría ni un mantero en prisión. Creo que es como para pensárselo ¿verdad? Como mínimo ayudaría a luchar contra la criminalización de los migrantes en general y de los manteros en particular”, pronostica Aristegui.

Camila no es tan optimista. “En un disco con todos los derechos reservados, con alguna entidad gestora de por medio, imagino que habría que pelearlo mucho. Es verdad que es difícil salir ahí y defender lo que los medios y gobernantes se han empeñado en vestir de delincuencia, cuando es pura supervivencia doméstica”.

Pese a las furiosas diatribas lanzadas por artistas como Miguel Bosé, Alejandro Sanz o David Bustamante, no parece que el ‘top manta’ sea la causa principal del desplome de la industria musical en España. En 2013, la venta de discos cayó de nuevo, y van 12 años, incluida por primera vez la digital, según Promusicae.

“Los desacertadísimos discursos de las entidades de gestión y ciertos artistas me recuerdan mucho al magnífico libro de Thomas Frank, “Pobres magnates”. Solo el 4% de los socios de SGAE cobra más del salario mínimo interprofesional pero eso no les importa a Bosé, Sanz y Bustamante, les importa lo que dejan de cobrar por la piratería”, señala Aristegui.

Camila prefiere recordar a quienes “se han posicionado claramente en contra de la criminalización de los manteros” y añade que le resulta muy difícil “creer que a una persona que es consciente de su sufrimiento le merezca la pena lanzar una campaña contra la manta en lugar de buscar modelos más justos para todo el mundo”.

 

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Acerca de David García Aristegui

David García Aristegui nació en 1974 y es Licenciado en Ciencias Químicas (Bioquímica) por la Universidad Complutense de Madrid. Publicó el libro ¿Por qué Marx no habló de copyright? (Enclave de Libros) en 2014, y desde entonces desgrana sus pensamientos a través de sus ya habituales artículos críticos en varios medios de comunicación. Destaca entre sus textos el capítulo sobre SGAE en CT o la Cultura de la Transición (DeBolsillo, 2012) o el prólogo para Criminales del copyright (Hoja de Lata, 2014). Fue el creador de uno de los pocos programas dedicados en exclusiva a la propiedad intelectual, Comunes. Actualmente imparte la asignatura de Propiedad Intelectual en el Grado de Creación Musical en la Universidad Europea de Madrid; colabora en Barrio Canino, realizado desde Ágora Sol Radio, y con los colectivos Ciencia Para el Pueblo y la Unión de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Su último trabajo ha sido el autoeditado Sin mono azul. Breve historia del sindicalismo en el trabajo cultural (1899-2015) y en el 2017 se publica, junto a Ainara LeGardon, SGAE: el monopolio en decadencia.
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